01 junio 2009

Semen de luz y semen de corrupción

























En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.  
Juan, 1.3

Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.
Juan, 12.36

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz.  
Efesios, 5.8

la luz que es perfecta y llena del esperma del Padre.
Evangelio de la verdad, 43

Lumen ergo Pater, lumen Filius, lumen Spiritus sanctus, simul autem non tria lumina, sed unum Lumen. 
Pues luz es el Padre, luz el Hijo, luz el Espíritu santo, pero no tres luces a la vez, sino una sola luz.
San Agustín. De trinitate, 7.6


























Los pueblos orientales veneraron (y veneran aún hoy) los órganos sexuales tal cual, en su más desnuda y cruda figuración y sin necesidad de ocultarlos bajo toneladas de símbolos. En cambio, en el cristianismo el símbolo, convertido en una entelequia abstracta y literatura mística, usurpó completamente el lugar de lo simbolizado, olvidando por completo el objeto real que había detrás del símbolo e impidiendo que fuera reconocido, a pesar de conservar intactos todos sus atributos.
Ya sabes, le contesté, que cuanto dijeron e hicieron los profetas, como vosotros mismos concedisteis, lo envolvieron en comparaciones y símbolos, de modo que la mayor parte de las cosas no pueden ser fácilmente entendidas por todo el mundo, pues escondieron la verdad que hay en aquellos símbolos, a fin de que quienes la buscan, la hallen y aprendan con esfuerzo (San Justino, Diálogo, 90.2).
El Falo, el dador de vida por excelencia, fue anulado e identificado con el Diablo, el alter ego de Dios, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios (2Te 2,4). Tú enredaste en la concupiscencia al primer hombre (Hechos de Pedro, 8.6). En realidad, lo que se anulaba era el falo o padre «terrenal», el verdadero autor de la vida, no el celestial, aunque los cristianos habían invertido la relación entre ambos. Pero en el fondo de su loca fantasía Dios seguía siendo el Diablo, uno era el reflejo del otro: porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz (2Co 11.14).
Fornicación = Diablo: huid de la fornicación (1Co 6.18, He 15.29), no deis lugar al Diablo (Ef 4.27, Stg 4.7). Nosotros no hemos nacido de fornicación, vosotros sois (procedéis) del padre el Diablo (Jn 8.41,44, Stg 1.15).
Jesucristo nunca existió, porque no nació de fornicación (no nació de coito, Orígenes, Contra Celso, 2.68), no nació de voluntad de carne ni de voluntad de varón (Lc 1.34, Jn 1.13). El Hijo de Dios no podía ser hijo de la carne (Ro 9.8), porque con la carne sirvo a la ley del pecado y él no conoció el pecado (Ro 7.5,25, 2Co 5.21, Heb 4.15) y no vio la corrupción ( He 2.31; 13.37). Se siembra en corrupción (1Co 15.42, Gál 6.8), es decir, el Hijo de Dios no fue «sembrado» nunca. Ningún hombre puede nacer sin fornicación o tener un nacimiento virginal, y los que acepten que el Hijo de Dios fue un hombre histórico, si no son unos farsantes, tendrán que tragarse la incorruptible e invisible placenta de su nacimiento virginal, que fue un dogma mantenido a rajatabla por la Iglesia primitiva: Virgo concepit, virgo peperit, virgo permansit, virgen concibió, virgen parió, virgen permaneció (Evangelio Ps.Mateo 13.3, San Agustín, Sermo 51, 11). La virgen María peperit et non peperit, virgo et non virgo, parió y no parió, virgen y no virgen, ha dado a luz y no ha dado a luz, dice la Escritura (Tertuliano, De carne Christi, 23.2, Clemente de Alejandría, Stromata, 7, 94.2), es decir, no ha dado a luz nunca. Lógicamente, a un modo tan sublime y ficticio de parir sin parir le correspondía un nacer sin nacer, de modo que el Hijo de Dios nació y no nació, γεννητὸς καὶ ἀγεννητος (San Ignacio, Efesios, 7.2). No se trata aquí de una idea extravagante y superflua, sino de un elemento esencial y nuclear del mito, puesto que: La virginidad permanente de María es afirmada por la tradición de la Iglesia y es enseñada como una verdad de fe por el magisterio (Nuevo Catecismo para adultos, Supl. p. 23). El nacimiento virginal no era una simple leyenda añadida a la «historia» de Jesús, sino la demostración de que toda la «historia» de Jesús era una leyenda, de lo contrario, la Iglesia no se habría tomado tantas molestias en defender a ultranza semejante bobada.
Un concilio local de obispos italianos y africanos, celebrado en el año 649 en el Laterano de Roma bajo el Papa Martín I, dijo: «Quien no confiese con los santos Padres a la santa y siempre virgen e inmaculada María como engendradora de Dios en el auténtico y verdadero sentido (el «sentido inauténtico y no verdadero» había sido establecido cien años antes en el quinto Concilio Ecuménico o Segundo de Constantinopla (553) como aquel que llama «engendradora» de Dios (zeotokos) a la santa, gloriosa, siempre virgen María, sólo en virtud de la relación, como si de ella hubiese nacido un mero hombre y el Logos de Dios no hubiese tomado carne en ella), pues, en los últimos tiempos, in ultimis saeculorum (o al fin de los siglos. Todavía a estas alturas, en el siglo VII, la Iglesia relacionaba la venida del Hijo de Dios con el fin del mundo. Para los cristianos primitivos ambas cosas serían simultáneas y las designaban con el mismo nombre: parusía), concibió sin semen, absque semine, del Espíritu santo (nótese la sustitución del semen humano por su homólogo divino) y dio a luz propia y verdaderamente, permaneciendo intacta (virgen), al mismo Verbo divino, engendrado por el Padre antes de todo tiempo, de tal modo que conserva la virginidad incluso después del nacimiento, sea anatema.»
Es especialmente importante el texto del concilio XI de Toledo, del año 675: «De estas tres personas, sólo la persona del Hijo, para la liberación del género humano, creemos que se hizo hombre verdadero sin pecado (lo que equivalía a decir sin carne: ningún hombre «sin pecado» podía ser verdadero, ya que, según ellos, el pecado reside en la carne (Ro 7.17,18,20), de la santa e inmaculada virgen María, de la cual de un nuevo modo y por una nueva natividad es engendrado; de un nuevo modo porque el invisible por la divinidad se mostró visible en la carne, (sic) y también por una nueva natividad es engendrado, porque la virginidad intacta y sin conocer el coito viril (virilem coitum nescivit), y fecundada por el Espíritu santo, suministró la materia de su carne. Este parto virginal ni se comprende por la razón ni puede mostrarse por un ejemplo».
(M. Schmaus, El credo de la Iglesia Católica II, p. 679, Ed. Rialp).

No es el Cristo hombre que viene de los hombres (ἂνθρωπος ἐξ ἀνθρώπων), engendrado según lo común de los hombres… Su nacimiento es inexplicable. Porque nadie, siendo hombre que viene de los hombres (ἂνθρωπος ὢν ἐξ ἀνθρώπων), tiene un nacimiento inexplicable (San Justino, Diálogo, 54.2; 76.2). Evidentemente, si Cristo no nació de (ξ) los hombres no fue un hombre, y afirmar que no nació como los hombres equivalía a decir que no nació nunca. Cristo ¿era del cielo o de los hombres? (Mr 11.30, Mt 21.25). Los cristianos no solo aseguraban que era del cielo (1Co 15.47), sino que no era «de los hombres».
El Concilio de Calcedonia (451) era doblemente explícito: Cristo fue concebido sin coito y sin semen (humano): sine virili semine conceptus est Christus ex Virgine, quam non humanus coitus, sed Spiritus sanctus fecundavit... paterni semini transfusio non pervenit, sin semen viril fue concebido Cristo de una Virgen, la cual fue fecundada no por coito humano, sino por el Espíritu santo (nótese la sustitución)... no hubo efusión de semen paterno (San León Magno, Sermón II de la Natividad, 3). Esta doble imposibilidad biológica era el certificado de ficción de Cristo, el marchamo de fabricación de un mito. En realidad, el nacimiento virginal era una fantasía gnóstica de la que no podía deshacerse la Iglesia, poque ello supondría desmontar todo el tinglado de las profecías y toda la economía de la salvación se vendría abajo. Como puede verse, este era el único Cristo verdadero, el que no nació nunca. El «Jesús de la historia» es una invención de los teólogos modernos, mucho más ficticio y doloso que aquel. A costa de falsificar la sublime «realidad» irreal de Dios, la Iglesia primitiva pudo deshacerse del docetismo, debido al enorme peligro que entrañaba, ya que suponía el reconocimiento de que toda la historia milagrera de Jesús era ficticia. Sin embargo, no pudo renunciar a la fantasía de un nacimiento virginal, siendo tan peligrosa o más si cabe que el docetismo, ya que ello habría supuesto prescindir de Dios y de la ficticia «salvación» del hombre, porque Dios nos salvó... por Jesucristo nuestro Salvador (Ti 3.5,6, 2Ti 1.9, 1Ti 1.15, Mt 1.21, Jn 3.17, etc).
El dogma del nacimiento virginal demuestra que la idea de un nacimiento carnal no estaba en el inventario primitivo de los gnósticos y que cualquier afirmación de la existencia histórica del Hijo de Dios es una falacia. El nacimiento virginal de Jesucristo es una de las muchas pruebas que se pueden extraer del Nuevo Testamento de que el Hijo de Dios nunca existió. Cristo no pudo estar en nuestra carne porque no fue de semen viril, non putant carnem nostram in Christo fuisse quia non fuit ex viri semine (Tertuliano, De carne Christi, 16.5). Ningún hombre puede nacer sin semen o sin coito viril. Ningún hombre puede nacer del semen incorruptible de un Padre invisible (renati non ex semine corruptibili, sed incorruptibili, 1Pe 1.23). En este sentido, el semen del Diablo, diaboli semen (Tertuliano, De carne Christi, 17.6), el Falo desnudo y visible, el Príncipe de este mundo (Jn 12.31; 14.30; 16.11), siendo corruptionis semen, semen de corrupción (Hechos de Pedro, 15.2, Evangelio Ps.Mateo, 28), era mucho más prolífico y real que Dios, mientras que el Falocristo NO era de este mundo (Jn 8.23; 17.14) y por eso no vio la corrupción (He 2.31; 13.37).
La idea de un Dios hecho hombre no solo era una herejía blasfema para los primeros cristianos, los gnósticos, sino una idea completamente absurda. Para el hombre de hace dos mil años existía un abismo inconmensurable entre Dios y el Hombre: el misterio de Dios uno y trino, que en sí mismo es completamente trascendente respecto al mundo, especialmente el mundo visible (Juan Pablo II, Carta encíclica Dominum et vivificantem, 54). Dios no pudo ser un hombre «histórico» porque entre la historia y Dios había un abismo absoluto: De aquí que todo cambio e historia, con toda su tribulación, permanezca en esta parte del abismo absoluto que necesariamente separa al Dios inmutable del mundo del cambio y les impide mezclarse (K. Rahner, Sobre la teología de la encarnación). La infinita distancia que separa al Increado del creado, Dios del Hombre (El Espíritu del Señor, Comité Jubileo 2000). Dios soy y no hombre (Os 11.9). El Dios perfecto está exento de carne, el hombre, empero, es carne (Taciano, Discurso, 15, 25). Los cristianos gnósticos no confiesan que Jesucristo ha venido en carne (1Jn 4.3; 2Jn 7): nosotros desde aquí a nadie conocemos según la carne (2Co 5.16), no andamos según la carne, sino según el Espíritu, porque los que están en la carne no pueden agradar a Dios, qui autem in carne sunt, Deo placere non possunt (Ro 8.4,8).
Por esta imperiosa razón, Jesucristo nunca pudo estar in carne ni haber nacido según la carne.., porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción.., y su carne no vio la corrupción (Gál 4.29; 6.8, He 2.31; 13.37. Nótese que aquí el giro σπείρων εἰς τὴν σάρκα designa explícitamente al coito). Dicho de otra forma, el Hijo de Dios nunca tuvo un cuerpo de carne y sangre: ¡¡porque la carne y la sangre no pueden poseer el reino de Dios, quia caro et sanguis regnum Dei possidere non possunt!! (1Co 15.50). Según los gnósticos, únicamente podía salvarse o alcanzar el reino de Dios el cuerpo espiritual, es decir, el alma, no el cuerpo terrenal o físico (1Co 15.40,44). De aquí la necesidad, para los que la parusía pillara en vida, de la transformación del cuerpo carnal o terrenal en un cuerpo celestial, etéreo o astral (1Co 15.40, a continuación de este versículo se menciona el Sol y las estrellas): porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción (1Co 15.42,53), lo cual sería innecesario si lo que resucitara fuera el cuerpo físico. Los cristianos primitivos esperaban con fervor la inmediata venida o aparición de Cristo (la primera y única: el fin del mundo: ¿qué señal habrá de tu parusía, y del fin del mundo? (Mt 24.3), porque ellos creían que esta parusía ocurriría en su tiempo, no miles de años después: Hay algunos de los que aquí se encuentran, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino (Mt 16.28; Mc 9.1, Lc 9.27), no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca (Mt 24.34, Mc 13.30, Lc 21.32), pero aquella generación pasó y el fin del mundo nunca ocurrió, ni nunca vino ni vendrá Jesucristo), y por esto, nosotros los vivos, los que quedamos hasta la parusía del Señor.., todos seremos transformados (1Te 4.15; 1Co 15.51, Fi 3.21). Ninguno de ellos quedó vivo hasta la parusía ni fue transformado.
El pecado que habita en mí, es decir, en mi carne (Ro 7.17,18,20). Si el pecado habita en la carne, quien no conoció el pecado, no conoció la carne. Los numerosos pasajes de las epístolas que execran y denigran expresa y rotundamente la *carne* , identificada con la muerte y el pecado, es decir, con el Diablo, que tenía el imperio de la muerte (Heb 2.14), demuestran que la idea de un Dios en carne o encarnado no estaba en el inventario de los cristianos más primitivos: sin padre, sin madre, sin genealogía, que ni tiene principio de días ni fin de vida, hecho semejante al Hijo de Dios (Heb 7.3).
Lo que tú siembras no se vivifica si no muere (1Co 15.36; Jn 12.24). Para los gnósticos la vida nace de la muerte (El Espíritu del Señor, C. J. 2000, p. 69, 142. Una idea precristiana: Ahora has muerto y ahora has nacido, tridichoso, en este día, A. Bernabé, Textos órficos y filosofía pres., T67), una idea completamente absurda que nosotros ya no podemos comprender y de la que se habría burlado Epicuro (He 17.18,32). Por esta razón, en las capas más antiguas del NT (las epístolas) no se menciona ningún dato biográfico del ficticio Jesús ni hay el más mínimo rastro de sus discursos ambulantes y celestiales. El Espíritu que inspiraba a los que las escribieron padecía amnesia y no les recordaba todo lo que yo os he dicho (Jn 14.26). El pasaje de 1 Corintios 11.23-26 no puede tomarse en cuenta porque el ficticio autor de la carta no estuvo en la Santa Cena, y además se desmiente a sí mismo: yo recibí (παρέλαβον, accepi) del Señor lo que os he enseñado.., pues yo ni lo recibí (παρέλαβον, accepi) ni aprendí de un hombre, sino por revelación de Jesucristo (1Co 11.23, Gál 1.12), y la revelación no era ningún sistema magnetofónico o electrónico de memorizar lo que el Hijo de Dios había dicho. ¿Qué pneuma o viento se llevó entonces sus palabras para que nunca las recordaran los que redactaron las epístolas? ¿No guardaron y no permanecieron sus palabras en ellos? (Jn 8.51; 15.7) ¿Cuándo había enmudecido la tradición oral? ¿Se habían tragado sus palabras vivificantes? Por ningún lado aparecen en las epístolas los logia que nunca dijo el esperma de David, σπέρματος Δαυῒδ (Ro 1.3, Jn 7.42, 2Ti 2.8).
El núcleo original era Jesús y la resurrección (He 17.18), no un Jesús de un Nazaret que no estaba en ningún mapa y no mencionado ni una sola vez en las epístolas (ni a Jesús el Nazareno, Ἰησοῦς ὁ Ναζωραῖος), y lo más sorprendente y que más delata el carácter ficticio del Hijo de Dios: ni una sola vez se menciona a Jerusalén relacionada con los grandes hechos salvadores realizados por Cristo, con sus milagros al por mayor o con lo que fue culminación de su existencia, su muerte y su liberación de ella por obra de Dios, es decir, su resurrección (N. Catecismo para adultos, p. 76, 86). A pesar de hablar en ellas por doquier de este acontecimiento divino y del nacimiento de los hijos de Dios, nunca se habla del nacimiento del Hijo de Dios por excelencia, porque su nacimiento, el único y verdadero, fue su resurrección: resucitando a Jesús, como también en el salmo segundo está escrito: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado HOY (He 13.33, !y esta cita se halla en el libro considerado más histórico del NT¡). Por esta razón, Jesucristo era el primogénito de los muertos, ὁ πρωτότοκος τῶν νεκρῶν (τόκος: parto, nacimiento), es decir, el primer nacido de los muertos (Col 1.18, Ap 1.5). Esta resurrección se identificaba con el bautismo, el segundo nacimiento (Jn 3.3,4), correlativo de la segunda muerte (Ap 2.11; 20.14; 21.8) que ya no podría afectar a los hijos de Dios puesto que ellos habían nacido del Esperma luminoso de Dios (1Jn 3.9): sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con él por la fe de la operación de Dios, que lo levantó de los muertos (Col 2.12, Ro 6.1-14, 1Pe 3.21). Los cristianos se veían a sí mismos como muertos vivientes o zombis: Estáis muertos y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3.3, Ro 6.11; 8.10, Ef 2.5). Buscad la muerte como los muertos que buscan la vida (Apócrifo de Santiago, 6). Por esta razón muchos de ellos, imitando a Cristo, buscaban la muerte suicidándose. Suicidio divino y horrible al que ellos llamaban con el eufemismo de martirio: para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia... teniendo deseo de morir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor (Fi 1.21,23).
La realidad fue sustituida por una ficción platónica, ya que para los cristianos este mundo solamente era una sombra de las cosas celestiales (Heb 8.5; 10.1) y humo que se desvanece (Stg 4.14), porque la apariencia de este mundo se pasa (1Co 7.31). Porque todas las cosas materiales, sean las que fueren, se reducen a sombra pasajera y leve (Orígenes, Sobre la oración 2.15.1). Orígenes vendía un platonismo barato de esta forma: debe entenderse el oro verdadero en relación con las realidades incorpóreas, invisibles y espirituales; en cambio, por imitación de oro, en que no está la realidad misma, sino la sombra de la realidad, deben entenderse estas cosas corpóreas y visibles. (...) Por consiguiente, las cosas que hay en el cielo, invisibles e incorpóreas, son las verdaderas; en cambio, éstas que hay en la tierra, visibles y corporales, se dice que son imágenes de las verdaderas, pero no las verdaderas. (...) Más aún, el mismo oro visible, por ser visible, no era oro verdadero, sino imitación del oro verdadero, invisible (in Canticum, 2/8.17-20. Luego, según esta lógica ilusoria, el Hijo de Dios no era verdadero cuando era visible: Dios es verdadero, pero todo hombre falso, Ro 3.4). Entonces condenarás el engaño y extravío del mundo, cuando conozcas la verdadera vida del cielo (Diogneto, 10.7). Este mundo fue desposeído de su valor y sentido, traladados éstos a un Cielo ficticio, aunque para ellos realísimo. Esta concepción dualista..., la manera de hablar propia del platonismo sigue y no puede menos de seguir siendo la manera «popular» de hablar entre los cristianos..., dualismo cuyo resultado era privar al mundo sensible de la mayor parte de su realidad y significación (F. Copleston, Historia de la Filosofía I, p. 216, 373). Este dualismo, de raigambre platónica, impregna todas las páginas del Nuevo Testamento y resuena todavía como un sonsonete manido en la encíclica Mater et magistra: La doctrina de Cristo une, efectivamente, la tierra con el cielo (¿y qué tabique místico los separa?), en cuanto que abarca al hombre totalmente, es decir, su alma y su cuerpo, y lo invita a elevar su mente de esta mudable condición humana de vida a las regiones de la vida celestial, donde podrá un día gozar de una felicidad y una paz sin ocaso (M. et m. 2).
Pero cómo no iban a ser platónicos si ellos escribían, hablaban y pensaban en griego. A diferencia de los rollos de Qumrán o de las cartas de Bar Kochba, no existe ni un solo documento del cristianismo primitivo escrito en hebreo o en arameo, hecho que por sí solo demuestra la inexistencia de Jesús, ya que es de suponer que los doce y los quinientos hermanos (1Co 15.6) que lo vieron (en visiones) hablaban el hebreo, y nadie abandona su lengua así como así, sobre todo teniendo en cuenta que no son los judíos muy amigos de las letras griegas (Orígenes, Contra Celso, 2.33).
Este mundo y el otro son dos enemigos (2 Clemente, 6.3). Los cristianos primitivos, los judíos de Egipto (que no hablaban el hebreo), apropiándose del dualismo de Platón (este mundo era solo una copia de un modelo ideal y eterno: Timeo 29 s; cf. Heb 8.5; 10.1. Pero lo que en Platón solo era un mito, ellos lo tomaban al pie de la letra: lo real lo idealizaban y lo ideal o alegórico lo «realizaban». Véase como ejemplo la contraposición que hacía Orígenes entre los templos y estatuas reales y los ideales, Contra Celso, 8.17-20), mantenían una distinción radical entre las cosas del mundo (1Co 7.32s), identificado con el Diablo, y las cosas de Dios (1Co 2.11), entre las cosas que se ven y las que no se ven (2Co 4.18, Heb 11.3), otra razón más por la que Jesucristo nunca estuvo ni podía estar en este mundo, porque el mundo entero está bajo el Maligno (1Jn 5.19, el Demiurgo gnóstico), el príncipe de este mundo (Jn 12.31; 14.30; 16.11; Mt 4.8, Lc 4.6, Ef 2.2). Jesucristo no fue un alienígena, pero tampoco fue un hombre biológico o histórico, sino un fantasma literario, más ficticio que el burro de Apuleyo, y él mismo lo declaró: yo no soy de este mundo, yo soy de arriba (Jn 8.23; 17.14; 18.36), es decir, de ninguna parte, ya que la casa de Dios (el hombre interior o el cuerpo místico de la Iglesia, Ro 7.22, 2Co 4.16; 1Ti 3.15, 1Pe 4.17, Jn 14.2) era una casa no hecha de manos, es decir, no de esta creación (2Co 5.1, Heb 9.11, Hech 7.48,49), es decir, esta casa tampoco estaba en ninguna parte, sino en la fantasía celestial y psicodélica de los gnósticos.
El otro nombre (de Dios) es el de Padre, porque es el creador de todas las cosas, pues lo propio de un padre es procrear, y la tarea más sublime y sagrada de la vida, para los sensatos, es engendrar hijos (Hermes II 17). El Falo solar era el «otro» Sol: la fuente mística de la Luz eterna, su Esperma divino o Luz líquida: agua de luz o luz que fluye (Apócrifo de Juan, 27, San Hipólito, Refutatio, 5/20.7), la luz que es perfecta y llena del esperma del Padre (Evangelio de la verdad, 43). La luz eterna no es otra que el mismo Dios Padre (Orígenes, In Hebr, fr. 1), y era nombrado como el Padre que engendra los hijos de Dios, el Padre de la procreación, el Creador del hombre y de todas las cosas, el origen de la vida (Dios, que da vida a todas las cosas, 1Ti 6.13), que derrama su amor, su Espermaluz cósmico, como el Sol derrama su luz sobre el mundo: Y cuando el rayo sale del Sol, porción de un todo, pero el Sol estará en el rayo, porque el rayo es sustancia no separada, sino extendida del Sol, así el Espíritu del Espíritu y Dios de Dios como luz de luz encendida (Tertuliano, Apología, 21.12). Como los rayos del Sol alcanzan los lugares que están sobre la tierra, igualmente Cristo tiene una sustancia sola, e ilumina todo lugar. Pues éste es la luz verdadera y el Sol de la vida. Éste es la luz del Padre (Enseñanzas de Silvano, 99, 101). La Tierra toda está llena de la misericordia de Dios (esto era puro panteísmo: para que Dios sea todas las cosas en todos, 1Co 15.28) y así como el Sol sale cada día en el universo, así el Sol místico de la justicia sale para todos, para todos ha llegado, para todos ha sufrido, para todos ha resucitado (San Ambrosio, Coment. al Salmo 118).
El Falo o Padre era un Sol hipersustancial (ὁ Πατήρ ὑπερούσιος ἥλιος, San Juan Damasceno, Expositio fidei, 12b), el Sol del Sol (ἡλίου ἥλιος, Filón, De specialibus legibus I, 279). El Falo solar era el Arquetipo que llena todo el universo con su semen o pneuma luminoso (Sab 1.7), era el Sol de la vida, el Sol espiritual, que es el Sol de justicia. En efecto, el mundo no fue hecho por esta luz visible, puesto que también ella es parte del mundo, sino por esta verdadera Luz (Orígenes, Com. in Canticum, 2/2.10,13). Conviene recordar que en el Génesis la Luz es creada antes que el Sol y por tanto era un fluido distinto de él (Gén 1.3,14). Según Filón, esta Luz invisible e inteligible llegó a ser imagen del Logos divino que explica su nacimiento, y es un astro más allá del cielo, fuente de los astros visibles, a la que no sería fuera de propósito llamar un Resplandor total (παναύγειαν) del que el Sol y la Luna y los otros planetas y (astros) fijos extraen, según la potencia de cada uno, la luz que les distingue, de aquel Resplandor puro e inmaculado (De opificio mundi, 30). Dios es luz..., y no solo luz, sino el Arquetipo de toda otra luz. Llama Sol al Logos divino, paradigma del que gira alrededor del cielo (De somniis 1.75,85). Filón identificó la sabiduría (σοφία) de Dios personificada (con la que más tarde los cristianos identificaron explícitamente a Cristo, 1Co 1.24) con la Luz divina (φῶς τό θεῖον), que es el Resplandor arquetipo del Sol, del cual es imitación e imagen el Sol (τό ἀρχέτυπον ἡλίου φέγγος, οὗ μίμημα καὶ εἰκών ἥλιος, De migratione Abrahami, 40). Un siglo y medio después de Filón, Clemente alejandrino venía a decir lo mismo de Cristo, el Logos que nos ilumina, que es una Luz más pura que el Sol, más dulce que la vida de aquí. Aquella Luz es la vida eterna, y cuanto participa de ella, vive (Protréptico, 11.113,114). La luz de Cristo era el Logos, es decir, el semen de Dios (Ens. de Silvano, 99 → San Justino, Apología I 32.8). Semen est verbum Dei, el semen es el Verbo de Dios (Lc 8.11). El «Verbo» de Dios no tenía absolutamente ningún sentido lingüístico, porque el reino de Dios no consiste en palabras (1Co 4.20), y en ningún lenguaje estaba la vida o luz (Jn 1.4), ni con ningún lenguaje se podía crear el universo (Jn 1.3, Co 1.16, Heb 1.2, 11.2). El semen o «Verbo» era la forma de expresarse de Dios, su razón o logos spermatikós. Como la luz era la expresión del Sol, el semen era la expresión del Falo. Dios es luz (Filón, De somniis, 1.75, 1Jn 1.5). Esta imagen no quería decir que Dios estuviera compuesto de fotones y electrones, ni era una simple metáfora literaria de la divinidad del Falocristo, sino su definición más cabal: Yo soy la luz del mundo (Jn 8.12; 9.5; 12.46). Este semen luminoso del Falo solar era el que engendraba los hijos de la luz (Jn 12.36, Ef 5.8; 1Te 5.5), que nacían de forma tan ficticia como nunca nació el Hijo de Dios, cuando en el bautismo recibían el chorro seminal de la eyaculación de Dios: Este bautismo significa perdón de los pecados; engendra una luz que se esparce en derredor; él engendra al hombre nuevo (Hechos de Tomás, 132).
Si a nivel físico, secundum carnem, la concupiscencia engendra el pecado, y el pecado, siendo consumado, engendra la muerte (Stg 1.15), en su transposición mística, el espermaluz del Falocristo quita de en medio el pecado (Heb 9.26) y da la vida eterna (Jn 10.28), y todo el que ha nacido de Dios no hace pecado, porque el esperma (σπέρμα) del mismo permanece en él. Omnis qui natus est ex Deo peccatum non facit, quoniam semen ipsius in eo manet (1 Jn 3.9).


























15 mayo 2009

Priapus

























καὶ ἐνευλογηθήσονται ἐν τῷ σπέρματί σου πάντα τὰ ἔθνη τῆς γῆς
y serán bendecidas en tu esperma todas las naciones de la tierra
Génesis, 22.18

καὶ ἐν τῷ σπέρματί σου ἐνευλογηθήσονται  πᾶσαι αἱ πατριαὶ τῆς γῆς
y en tu esperma serán bendecidas todas las familias de la tierra
Hechos, 3.25

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Diodoro Sículo, Biblioteca histórica, 4.6


Περὶ δὲ Πριάπου καὶ τῶν μυθολογουμένων περὶ αὐτοῦ νῦν διέξιμεν, οἰκεῖον ὁρῶντες τὸν περὶ τούτου λόγον ταῖς Διονυσιακαῖς ἱστορίαις. Μυθολογοῦσιν οὖν οἱ παλαιοὶ τὸν Πρίαπον υἱὸν μὲν εἶναι Διονύσου καὶ Ἀφροδίτης, πιθανῶς τὴν γένεσιν ταύτην ἐξηγούμενοι· τοὺς γὰρ οἰνωθέντας φυσικῶς ἐντετάσθαι πρὸς τὰς ἀφροδισιακὰς ἡδονάς. Τινὲς δέ φασι τὸ αἰδοῖον τῶν ἀνθρώπων τοὺς παλαιοὺς μυθωδῶς ὀνομάζειν βουλομένους Πρίαπον προσαγορεῦσαι. Ἔνιοι δὲ λέγουσι τὸ γεννητικὸν μόριον, αἴτιον ὑπάρχον τῆς γενέσεως τῶν ἀνθρώπων καὶ διαμονῆς εἰς ἅπαντα τὸν αἰῶνα, τυχεῖν τῆς ἀθανάτου τιμῆς.

Y ahora trataremos sobre Príapo y de las cosas que cuenta el mito sobre él, viendo que está unido el relato sobre este con las historias dionisíacas. Así pues, los antiguos cuentan el mito de que Príapo es hijo de Dioniso y Afrodita, explicando verosímilmente este nacimiento: porque los que se emborrachan se empalman naturalmente para los placeres amorosos.1 Y algunos dicen que los antiguos que querían nombrar míticamente el pene de los hombres lo denominaron Príapo. Y algunos dicen que el miembro genital, siendo la causa de la generación de los hombres y de su permanencia en todo el tiempo, ha recibido el honor inmortal.




























Οἱ δ´ Αἰγύπτιοι περὶ τοῦ Πριάπου μυθολογοῦντές φασι τὸ παλαιὸν τοὺς Τιτᾶνας ἐπιβουλεύσαντας Ὀσίριδι τοῦτον μὲν ἀνελεῖν, τὸ δὲ σῶμα αὐτοῦ διελόντας εἰς ἴσας μερίδας ἑαυτοῖς καὶ λαβόντας ἀπενεγκεῖν ἐκ τῆς οἰκείας λαθραίως, μόνον δὲ τὸ αἰδοῖον εἰς τὸν ποταμὸν ῥῖψαι διὰ τὸ μηδένα βούλεσθαι τοῦτο ἀνελέσθαι. Τὴν δὲ Ἶσιν τὸν φόνον τοῦ ἀνδρὸς ἀναζητοῦσαν, καὶ τοὺς μὲν Τιτᾶνας ἀνελοῦσαν, τὰ δὲ τοῦ σώματος μέρη περιπλάσασαν εἰς ἀνθρώπου τύπον, ταῦτα μὲν δοῦναι θάψαι τοῖς ἱερεῦσι καὶ τιμᾶν προστάξαι ὡς θεὸν τὸν Ὄσιριν, τὸ δὲ αἰδοῖον μόνον οὐ δυναμένην ἀνευρεῖν καταδεῖξαι τιμᾶν ὡς θεὸν καὶ ἀναθεῖναι κατὰ τὸ ἱερὸν ἐντεταμένον. Περὶ μὲν οὖν τῆς γενέσεως τοῦ Πριάπου καὶ τῆς τιμῆς τοιαῦτα μυθολογεῖται παρὰ τοῖς παλαιοῖς τῶν Αἰγυπτίων.


Y los egipcios, contando el mito sobre Príapo, dicen que antiguamente los Titanes conspiraron contra Osiris, mataron a éste, y dividieron su cuerpo en partes iguales entre sí, y las cogieron para llevárselas secretamente fuera de la casa, y solamente el pene fue arrojado al río porque ninguno quiso llevárselo. Pero Isis buscó al asesino de su marido, y mató a los Titanes; y modeló las partes del cuerpo en figura de hombre; dió estas a los sacerdotes para enterrarlas y ordenó dar culto a Osiris como un dios; pero (siendo) el pene lo único que no pudo encontrar, enseñó a darle culto como un dios, y a colocarlo erecto 2 en el templo. Así pues, estas cosas cuenta el mito sobre el nacimiento de Príapo y de su culto entre los antiguos egipcios.

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Notas

1. Literalmente, para los placeres afrodisíacos.
2. Literalmente, empalmado, estirado o tensado. Se trata del mismo verbo usado anteriormente, ἐντείνω, que significa extender, tensar o estirar.



























Τοῦτον δὲ τὸν θεὸν τινὲς μὲν Ἰθύφαλλον ὀνομάζουσι, τινὲς δὲ Τύχωνα. Τὰς δὲ τιμὰς οὐ μόνον κατὰ πόλιν ἀπονέμουσιν αὐτῷ ἐν τοῖς ἱεροῖς, ἀλλὰ καὶ κατὰ τὰς ἀγροικίας ὀπωροφύλακα τῶν ἀμπελώνων ἀποδεικνύντες καὶ τῶν κήπων, ἔτι δὲ πρὸς τοὺς βασκαίνοντάς τι τῶν καλῶν τοῦτον κολαστὴν παρεισάγοντες. Ἔν τε ταῖς τελεταῖς οὐ μόνον ταῖς Διονυσιακαῖς, ἀλλὰ καὶ ταῖς ἄλλαις σχεδὸν ἁπάσαις οὗτος ὁ θεὸς τυγχάνει τινὸς τιμῆς, μετὰ γέλωτος καὶ παιδιᾶς παρεισαγόμενος ἐν ταῖς θυσίαις.


Y algunos llaman a este dios Itifalo, y otros Ticón. Y los cultos se le ofrecen no solo en los templos en la ciudad, sino también en las casas de campo lo designan guarda de los frutos de las viñas y de los huertos, y además lo presentan (como) castigador contra los que echan mal de ojo a alguno de los bienes. Y en las ceremonias, no solo en las dionisíacas, sino también en casi todas los otras, este dios recibe algún culto, siendo introducido en los sacrificios con risas y juegos.



























Diodoro Sículo, Biblioteca histórica, 1.22

Τὰ μὲν οὖν ἀνευρεθέντα τοῦ Ὀσίριδος μέρη ταφῆς ἀξιωθῆναί φασι τὸν εἰρημένον τρόπον, τὸ δὲ αἰδοῖον ὑπὸ μὲν Τυφῶνος εἰς τὸν ποταμὸν ῥιφῆναι λέγουσι διὰ τὸ μηδένα τῶν συνεργησάντων αὐτὸ λαβεῖν βουληθῆναι, ὑπὸ δὲ τῆς Ἴσιδος οὐδὲν ἧττον τῶν ἄλλων ἀξιωθῆναι τιμῶν ἰσοθέων· ἔν τε γὰρ τοῖς ἱεροῖς εἴδωλον αὐτοῦ κατασκευάσασαν τιμᾶν καταδεῖξαι καὶ κατὰ τὰς τελετὰς καὶ τὰς θυσίας τὰς τῷ θεῷ τούτῳ γινομένας ἐντιμότατον ποιῆσαι καὶ πλείστου σεβασμοῦ τυγχάνειν. Διὸ καὶ τοὺς Ἕλληνας, ἐξ Αἰγύπτου παρειληφότας τὰ περὶ τοὺς ὀργιασμοὺς καὶ τὰς Διονυσιακὰς ἑορτάς, τιμᾶν τοῦτο τὸ μόριον ἔν τε τοῖς μυστηρίοις καὶ ταῖς τοῦ θεοῦ τούτου τελεταῖς τε καὶ θυσίαις, ὀνομάζοντας αὐτὸ φαλλόν.

Así pues, las partes de Osiris que fueron encontradas se juzgaron dignas de sepultura, dicen, de la manera descrita; y cuentan que el pene fue arrojado al río por Tifón, porque ninguno de sus cómplices lo quiso coger. Pero no fue juzgado por Isis menos digno que las otras (partes) de cultos iguales a los dioses. Y en efecto, habiendo preparado un ídolo de él en los templos, enseñó a darle culto, y a considerarlo el más honrado en las ceremonias y sacrificios realizados a este dios, y recibió la mayor veneración. Y por esto los helenos, que han tomado de los egipcios las cosas relativas a las celebraciones de las orgías y a las fiestas dionisíacas, dan culto a este miembro en los misterios, y en las ceremonias y sacrificios de este dios, llamándolo falo (φαλλόν).



























15 abril 2009

Espermatofagia 3

























καὶ τῷ σπέρματί σου, ὅς ἐστι Χριστός.
y a tu esperma, que es Cristo. 

et semini tuo, qui est Christus.
y a tu semen, que es Cristo.

Gálatas, 3.16


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Y la Enéada dijo: «Haced que se llame a Horus y Seth (y) que se los juzgue». Entonces se los trajo ante la Enéada. El Señor del Todo, ante la Gran Enéada, dijo a Horus y Seth: «¡Id, y que se escuche lo que os digo! ¡Comed, bebed (y) que haya paz para nosotros! ¡Y dejad de querellar así todos los días!».
Entonces, Seth dijo a Horus: «Ven, hagamos un día de fiesta en mi casa». Y Horus le dijo: «¡Lo haré, ciertamente, lo haré». Y después del atardecer, se les preparó una cama y ambos se acostaron. Pero a la noche, Seth hizo que se endurezca su falo y que penetre entre los muslos de Horus. Sin embargo, Horus puso sus manos entre sus muslos y tomó el semen de Seth.
Y entonces, Horus se fue a decir a su madre Isis: «Ven a mí, Isis, madre mía, ven y mira lo que me ha hecho Seth!». El abrió su mano e hizo que ella vea el semen de Seth. Y ella dio un gran grito, agarró su cuchillo, le cortó su mano, la arrojó al agua y creó para él una mano apta. Entonces, ella trajo un poco de ungüento dulce y lo colocó sobre el falo de Horus. E hizo que se endurezca, lo introdujo en un recipiente y él hizo que su semen caiga en él.
Y a la mañana, Isis fue con el semen de Horus al jardín de Seth y le dijo al jardinero de Seth: «¿Qué verdura es la que Seth come aquí contigo?». Entonces, el jardinero le dijo: «Él no come ninguna verdura aquí conmigo excepto lechugas». E Isis vertió el semen de Horus sobre ellas. Entonces, Seth vino, como era su costumbre diaria, y comió las lechugas que él comía habitualmente. Y así quedó preñado del semen de Horus.
Seth, entonces, fue a decirle a Horus: «¡Ven, vayamos (para que) yo contienda contigo en el tribunal!». Y Horus le dijo: «¡Lo haré, ciertamente, lo haré!».
Y ambos se fueron al tribunal y comparecieron ante la Gran Enéada. Y se les dijo: «Hablad por vosotros mismos». Seth dijo: «Haced que me sea dada la dignidad de gobernante (vida, prosperidad, salud) porque en cuanto a Horus,  aquí presente, yo le he hecho el trabajo del varón».
La Enéada dio, entonces, un gran grito y (los dioses) escupieron el rostro de Horus. Pero Horus se rió de ellos. Y entonces, Horus hizo un juramento al dios, diciendo: «Todo lo que dijo Seth es falso. Haced que se convoque al semen de Seth (para que) veamos de dónde responde, y que se convoque al mío (para que) veamos de dónde responde».
Entonces, Thot, el señor de las palabras divinas, el escriba de las verdades de la Enéada, colocó su mano sobre el hombro de Seth y dijo: «¡Sal fuera, tú, semen de Seth». Y él le respondió desde el agua, dentro de la ciénaga.
Y a continuación, Thot colocó su mano sobre el hombro de Seth y dijo: «¡Sal fuera, tú, semen de Horus!». Y él le dijo: «¿Por dónde saldré?». Thot le dijo: «Sal por su oreja». Pero él le dijo: «¿Acaso he de salir por su oreja, yo, que soy un fluido divino?». Y Thot le respondió: «Sal por su frente». Y entonces, él salió como un disco solar de oro sobre la cabeza de Seth. Entonces, Seth se enojó muchísimo y extendió su mano para agarrar el disco solar de oro. Y Thot se lo sacó de su mano y se lo puso como corona sobre su cabeza.
Entonces la Enéada dijo: «Horus tiene razón, Seth está errado».

Marcelo Campagno, Una lectura de La contienda entre Horus y Seth, p.54-57



























La Enéada dijo: «Que sean llamados Horus y Seth y que sean juzgados». Les llevaron delante de la Enéada y el Señor del Universo dijo, en presencia de la Gran Enéada, a Horus y a Seth: «Id y obedeced a lo que os digo: comed, bebed y estemos en paz. ¡Cesad de reñir así cada día!». Seth dijo a Horus: «Ven, pasemos un día feliz en mi casa». Horus le respondió: «¡Lo haré, en verdad, lo haré».
Después del anochecer se extendió (un tapiz) para ellos y se acostaron, los dos hombres. Y, durante la noche, Seth hizo que fuera duro su pene e hizo que penetrara entre los muslos de Horus. Horus puso sus dos manos entre sus muslos y recogió el semen de Seth. Luego Horus fue a decir a su madre Isis: «Ven a mí, Isis, mi madre. Ven y mira lo que Seth me ha hecho». Abrió sus manos e hizo que viera el semen de Seth. Ella lanzó un grito estridente, cogió su cuchillo, cortó sus manos, las arrojó al agua y le proporcionó (otras) manos similares. Luego trajo un poco de ungüento suave y lo aplicó al pene de Horus. Hizo que se endureciera, lo metió en un puchero y él (= Horus) hizo que su semen cayera en él (= puchero). Al amanecer, Isis se dirigió llevando el semen de Horus al huerto de Seth y dijo al hortelano de Seth: «¿Cuáles son las verduras que come Seth aquí contigo?».
Entonces el hortelano le dijo: «No come verdura alguna, aquí y conmigo, exceptuadas las lechugas». E Isis puso el semen de Horus en ellas.
Entonces Seth vino según su costumbre de cada día y comió las lechugas que comía habitualmente. Y entonces quedó preñado del semen de Horus.
Entonces Seht fue a decir a Horus: «Ven, vamos para que yo pleitee contigo en el tribunal». Horus le dijo: «¡Lo haré, en verdad, lo haré!». Y los dos se fueron al tribunal, permanecieron (pleiteando) en presencia de la Enéada y se les dijo: «Hablad a vuestro propósito».
Seth dijo: «Disponed que se me dé la función de soberano —vida, prosperidad, salud—, porque en lo que concierne a Horus, aquí presente, yo hice obra de varón con él». La Enéada lanzó un grito estridente y (los dioses) vomitaron y escupieron a la cara de Horus. Pero Horus se burló de ellos.
Luego Horus pronunció un juramento por dios, diciendo: «Todo lo que dice Seth es falso. Disponed que se llame al semen de Seth y veamos desde dónde responde. Y que se llame al mío y veamos desde dónde responde».
Thot, el señor de los escritos sagrados, el escriba competente de la Enéada, colocó su mano sobre el hombro de Horus y dijo: «¡Ven afuera, semen de Seth!». Y él le respondió desde el agua, en medio del campo de pepinos.
Luego Thot colocó su mano sobre el hombro de Seth y dijo: «¡Ven afuera, semen de Seth!». Y él le preguntó: «¿(Por) dónde vendré (afuera)?». Thot le respondió: «Ven afuera por su oreja». Entonces él le dijo: «¿Saldré afuera por su oreja, yo que soy un fluido divino?». Thot le respondió: «Ven afuera por su frente». Y el (semen) salió con la forma de un sol de oro sobre la cabeza de Seth. Seth se enfadó muchísimo y alargó su mano para apoderarse del sol de oro, pero Thot lo cogió y lo puso como aderezo sobre su cabeza. Y la Enéada proclamó: «Horus es justo, Seth es culpable».

Jesús López, Cuentos y fábulas del antiguo Egipto.
La disputa de Horus y Seth, p.171,172



























Then the Ennead said: “Horus and Seth shall be summoned and judged!” So they were brought before the Ennead. The All-Lord spoke before the great Ennead to Horus and Seth: “Go and heed what I tell you: Eat, drink, and leave us in peace! Stop quarreling here every day!”Then Seth said to Horus: “Come, let us have a feast day at my house.” And Horus said to him: “I will, I will.” Now when evening had come, a bed was prepared for them, and they lay down together. At night, Seth let his member become stiff and he inserted it between the thighs of Horus. And Horus placed his hands between his thighs and caught the semen of Seth. Then Horus went to tell his mother Isis: “Come, Isis my mother, come and see what Seth did to me.” He opened his hand and let her see the semen of Seth. She cried out aloud, took her knife, cut off hand and threw it in the water. Then she made a new hand for him. And she took a dab of sweet ointment and put it on the member of Horus. She made it become stiff, placed ir over a pot, and he let his semen drop into it.
In the morning Isis went with the semen of Horus to the garden of Seth and said to the gardener of Seth: “What plants does Seth eat here with you?” The gardener said to her: “The only plant Seth eats here with me is lettuce.” Then Isis placed the semen of Horus on them. Seth came according to his daily custom and ate the lettuces which he usually ate. Thereupon he became pregnant with the semen of Horus.
Then Seth went and said to Horus: “Come, let us go, that I may contend with you in the court.” And Horus said to him: “I will, I will.” So they went to the court together. They stood before the great Ennead, and they were told: “Speak!” Then Seth said: “Let the office of ruler be given to me, for as regards Horus who stands here, I have done a man's deed to him.” Then the Ennead cried out aloud, and they spat out before Horus. And Horus laughed at them; and Horus took an oath by the god, saying: “What Seth has said is false. Let the semen of Seth be called, and let us see from where it will answer. Then let mine be called, and let us see from where it will answer.”
Thoth, lord of writing, true scribe of the Ennead, laid his hand on the arm of Horus and said: “Come out, semen of Seth!” And it answered him from the water in the midst of the marsh. Then Thoth laid his hand on the arm of Seth and said: “Come out, semen of Horus!” And it said to him: "Where shall I come out?" Thoth said to it: “Come out of his ear.” It said to him: “Should I come out of his ear, I who am a divine seed?” Then Thoth said to it: “Come out from the top of his head”. Then it came out as a golden sun-disk on the head of Seth. Seth became very angry, and he stretched out his hand to seize the golden sun-disk. Thereupon Thoth took it away from him and placed it as a crown upon his (own) head. And the Ennead said: “Horus is right, Seth is wrong.”


Miriam Lichtheim, Ancient Egyptian Literature, II.
The Contendings of Horus and Seth,   p.219,220




























Then said the Ennead: “Let Horus and Seth be summoned so that they may be judged.” Then they were brought before the Ennead. The Universal Lord said before the Great Ennead to Horus and Seth: “Go and pay heed to what I tell you. You shall eat and drink so that we may have (some) peace. Stop quarreling so each day on end.”
Then Seth told Horus: “Come, let’s make holiday in my house.” And Horus answered him: “I’ll do so; yes, I’ll do so, I’ll do so.”
Now afterward, at evening time, bed was prepared for them, and together the lay down. During the night Seth caused his phallus to become stiff and inserted it between Horus’s thighs. Horus then placed his hands between his thighs and caught Seth’s semen. Then Horus went to tell his mother Isis: “Help me, Isis, my mother, come and see what Seth has done to me.” And he opened his hands and let her see Seth’s semen. She let out a loud cry, took up her knife, cut off his hands, threw them into the water, and restored for him hands that were equivalent. Then she got some fragrant ointment and applied it to Horus’s phallus. She caused it to become stiff and inserted it into a pot, and he caused his semen to flow down into it.
Isis at morning time went carrying Horus's semen to the garden of Seth, and she said to Seth’s gardener: “What sort of vegetable does Seth eat here in your company?” And the gardener answered her: “He doesn’t eat any vegetable here in my company except lettuce.” And Isis put Horus's semen on it. Seth returned according to his daily habit and ate the lettuce, which he regularly ate. Thereupon he became pregnant with Horus's semen. So Seth went to tell Horus: “Come, let’s go that I may contend with you in court.” Horus told him: “I’ll do so; yes, I’ll do so, I’ll do so.”
Then they both went to the court and stood in the presence of the Great Ennead. They were told: “Speak for yourselves!” Then Seth said: “Let me be awarded the office of Ruler (may he live, prosper, and be in health), for as to Horus, the one who is standing (at law), I have performed a man's work against him.” The Ennead let out a loud cry, and they spewed and spat at Horus’s face. Horus laughed at them. Then Horus then took an oath by god as follows: “All that Seth has said is false. Let Seth’s semen be summoned that we may see from where it answers, and my own be summoned that we may see from where it answers.”
Then Thoth, lord of script and scribe of truth for the Ennead, laid his hand on Horus’s shoulder and said: “Come out, you semen of Seth.” And it answered him from the water in the interior of the marsh. Then Thoth laid his hand on Seth’s shoulder and said: “Come out, you semen of Horus.” It said to him: “Where shall I come from?” Thoth said to it: “Come out from his ear.” Thereupon it said to him: “Am I, who am divine fluid, to come out merely from his ear?” Then Thoth said to it: “Come out from the top of his head.”
And it emerged as a golden solar disk upon Seth’s head. Seth became exceedingly furious and extended his hand to seize the golden solar disk, but Thoth took it away from him and placed it as a crown upon his (own) head. Then the Ennead said: “Horus is right, and Seth is wrong.”

William Kelly Simpson, The Literature of Ancient Egypt,
The Contendings of Horus and Seth, p. 99,100



























L’Ennéade déclara: «Fais qu’on appelle Horus et Seth, qu’ils soient départagés».
On les amena devant l’Ennéade. Le Maître de Monde déclara solennellement devant la Grande Ennéade à Horus et à Set: «Venez, qu’on entende ce que je vous dis: vous allez manger, vous allez boire, que nous soyons tranquilles. Vous voudrez bien cesser de vous quereller ainsi chaque jour, sans cesse».
Seth dit à Horus: «Viens, que nous passions un moment chez moi». Horus lui dit: «Oui, tout à fait d’accord».
Cependant, le soir tombé, on leur prépara le coucher; ils s’allongèrent, les deux hommes, mais pendant la nuit, Seth durcit son membre et le glissa entre les cuisses d’Horus.
Horus plaça ses mains entre ses cuisses et recueillit le sperme de Seth.
Horus s’en fut alors dire à sa mère Isis: «À moi, Isis, ma mère, viens voir ce que Seth m’a fait», il ouvrit le mains, lui fit voir le sperme de Seth, elle poussa un grand cri, elle saisit son couteau, elle lui coupa les mains, les jeta dans l’eau et lui procura des mains bien adaptées.
Elle apporta un peu d’onguent doux, et en enduisit le membre d’Horus.
Elle le fit durcir et le dirigea vers un récipient; il y fit couler son sperme.
Isis se rendit avec le sperme d’Horus, au matin, jusqu’au jardin de Seth, et dit au jardinier de Seth: «Quel est le légume que Seth mange d’habitude ici, de ton jardin?».
À quoi le jardinier répondit: «Il ne mange aucun lègume ici, de mon jardin, si ce n’est des laitues», et Isis mit le sperme d’Horus sur celles-ci.
Et Seth vint selon son habitude quotidienne, et mangea les laitues qu’il mangeait habituellement! Et voici qu’il se retrouva gros du sperme d’Horus.
Et Seth alla dire à Horus: «Viens, allons, que je discute avec toi au tribunal». Horus lui dit: «D’accord, tout à fait d’accord».
Ils se rendirent au tribunal, les deux hommes, se tinrent devant la grande Ennéade et on leur dit: «Parlez, vous».
Seth déclara: «Faites qu’on me donne la fonction de souverain (Vie, santé, force), car Horus que voici, j'ai fait oeuvre de mâle contre lui».
L’Ennéade poussa un grand cri. Ils crachèrent à la face d’Horus.
Horus rit d’eux. Horus fit un serment par le dieu en ces termes: «Tout ce qu’a dit Seth est mensonge. Faites appeler le sperme de Seth, que nous voyions d’où il répondra, et qu’on appelle le mien, que nous voyions d’où il répondra».
Alors, Thot, détenteur des hiéroglyphes, scribe véridique de l’Ennéade, posa sa main sur l’épaule d’Horus et dit: «Sors, semence de Seth», et elle lui répondit depuis l’eau, à l’intérieur du marais.
Ensuite, Thot posa la main sur l’épaule de Seth et dit: «Sors, semence d’Horus». Elle répondit: «Par où vais-je sortir?». Thot lui dit: «Sors par son oreille».
Mais elle répliqua: «Moi, liquide divin, je ne vais tout de même pas sortir par son oreille!».
Thot lui dit: «Sors par son front». Elle jaillit sous la forme d’un disque d’or sur la tête de Seth.
Seth entra dans une rage folle et tendit la main pour se saisir du disque d’or. Thot le lui enleva et le plaça comme couronne sur sa tête. À ce moment, l’Ennéade déclara: «Horus a raison, Seth a tort».

Michèle Broze, Mythe et roman en Égypte Ancienne.
Les aventures d'Horus et Seth dans le Papyrus Chester Beatty I, p.89-97



























Allora disse l’Enneade: «Si chiamino Horo e Seth e li si giudichi». Furono condotti davanti alla grande Enneade. Il Signore Universale disse, alla presenza della grande Enneade, a Horo e a Seth: «Andatevene, e ascoltate ciò che vi dico. Mangiate, bevete, che noi stiamo in pace. Finitela di disputare ogni giorno».
Allora Seth disse a Horo: «Vieni, passiamo un giorno felice nella mia casa». Disse Horo: «Lo farò, ecco, lo farò». Venuto il tempo della sera, fu steso per loro un letto, e si coricarono tutt’e due insieme. Ora dunque, durante la notte, Seth rese rigido il suo membro e lo introdusse in mezzo alle cosce di Horo. Ma Horo pose le sue due mani in mezzo alle sue cosce e prese il seme di Seth. Poi Horo andò a dire a sua madre Isi: «Vieni a me, o Isi, madre mia, vieni a vedere quello che Seth ha fatto contro di me», e aprì le sue mani e le fece vedere il seme di Seth. Essa lanciò un grande grido, prese il suo coltello, gli tagliò le mani e le gettò nell’acqua e gli procurò delle mani equivalenti.
Allora prese un poco di unguento dolce, e lo sparse sul membro di Horo, lo rese rigido, lo introdusse in un vaso e esso vi fece scendere il suo seme. Poi Isi andò con il seme di Horo, al tempo del mattino, nell’orto di Seth, e disse al giardiniere di Seth: «Che tipo di erbe magia Seth qui con te?» Il giardiniere rispose: «Non mangia alcun tipo di erbe qui con me, eccetto la lattuga».
Allora Isi vi mise sopra il seme di Horo. Poi Seth venne secondo la sua abitudine di ogni giorno, e mangiò le lattughe che mangiava (di solito) e più ancora. Cosí rimase incinto del seme di Horo.
Poi Seth andò a dire a Horo: «Vieni, andiamocene, perché possa discutere con te in tribunale», e Horo gli disse: «Lo farò, ecco, lo farò». Andarono dunque in tribunale, tutt’e due insieme, e stettero alla presenza della grande Enneade. Si disse loro: «Parlate, voi».
Allora Seth disse: «Fate che mi sia data la funzione di re, perché quanto a Horo che sta qui, ho fatto opera di maschio su di lui».
L’Enneade lanciò un grande grido; vomitarono e sputarono in faccia a Horo. Ma Horo rise di loro, e poi Horo fece un giuramento per dio, dicendo: «È falso tutto ciò che Seth ha detto. Si chiami il seme di Seth, e vedremo da dove risponde; poi si chiami il mio seme, e vedremo da dove risponde».
Allora Thot, il signore delle parole divine, lo scriba veridico dell’Enneade, posò la sua mano sul braccio di Horo e disse: «Vieni fuori, o seme di Seth!», ma esso gli rispose dall’acqua nell’interno della palude.
Poi Thot pose la sua mano sul braccio di Seth, e disse: «Vieni fuori, o seme di Horo». Esso rispose: «Da dove devo uscire?» Thot gli disse: «Vieni fuori dal suo orecchio». Ma esso gli disse: «Ecco, devo dunque uscir fuori da un orecchio, io che sono un liquido divino?»
Thot gli disse allora: «Esci dalla sua fronte», ed esso uscì come un disco d’oro sulla testa di Seth. Allora Seth si adirò moltissimo; stese la la mano per prendere il disco d’oro, ma Thot glielo prese e lo mise come ornamento sulla sua testa. L’Enneade disse: «Horo ha ragione, Seth ha torto».

Edda Bresciani, Letteratura e poesia dell'antico Egitto.
Il racconto della disputa tra Horo e Seth,  p. 371,372



























Die Neunheit sprach nun: «Man rufe den Horus und Seth, um zwischen ihnen zu entscheiden.» Man brachte sie vor die Neunheit. Es sprach der Herr des Alls vor der großen Neunheit zu Horus und Seth: «Geht und hört auf das, was ich euch sagen will: Eßt und trinkt damit wir Ruhe haben ! Laßt ab, in dieser Weise täglich zu streiten!»
Seth sprach nun zu Horus: «Komm! Wir wollen uns einen guten Tag machen in meinem Hause.» Horus sprach zu ihm: «Gewiß, gern.» Darauf aber zur Zeit des Abends breitete man ihnen (das Lager) und sie legten sich nieder, die beiden. Aber in der Nacht ließ Seth sein Glied erigieren und ließ es eintreten zwischen die Schenkel des Horus. Horus aber tat seine beiden Hände zwischen seine Schenkel und fing den Samen des Seth auf.
Horus ging nun, um seiner Mutter Isis zu sagen: «Zu Hilfe, Isis, meine Mutter! Komm und sieh, was Seth mir angetan hat!» Er öffnete seine Hand. Er ließ  sie den Samen des Seth sehen. Sie schrie laut. Sie nahm ihr Erz. Sie schnitt seine Hand ab. Sie warf sie ins Wasser. Sie verschaffte ihm eine Hand von (gleichem) Wert.
Sie holte nun etwas süße Salbe und tat sie auf das Glied des Horus. Sie ließ es erigieren, nachdem sie es in ein Gefäß getan hatte, und er ließ seinen Samen dahineinlaufen.
Isis ging nun mit dem Samen des Horus zur Zeit des Morgens zu dem Garten des Seth und sprach zu dem Gärtner des Seth: «Welches von den Kräutern ist das, welches Seth hier bei dir ißt?»
Da sagte ihr der Gärtner: «Er ißt hier bei mir keinerlei Kraut außer Lattich.» Und Isis tat den Samen des Horus darauf.
Da kam Seth nach seiner täglichen Art und aß die Lattichpflanzen, die er immer aß. Da ward er sogleich schwanger von dem Samen des Horus.
Darauf ging Seth, um zu Horus zu sagen: «Komm! Wir wollen eilen, damit ich mich mit dir vor Gericht auseinandersetzen kann.» Horus sagte zu ihm: «Gewiß, gern.» Sie gingen nun zum Gericht, die beiden, und traten vor die große Neunheit. Man sagte zu ihnen: «Sprecht für euch!»
Seth sagte: «Laßt mir das Fürstenamt gegeben werden! Denn was Horus anlangt, den nämlichen, der hier steht, so habe ich das Werk eines Mannes an ihm getan.»
Die Neunheit erhob nun ein lautes Geschrei, und sie spieen in das Gesicht des Horus. Horus aber lachte sie aus.
Horus tat nun einen Eid zu Gott und sprach: «Falsch ist alles, was Seth gesagt hat. Laßt den Samen des Seth gerufen werden! Wir wollen sehen, von wo er antwortet. Und es werde auch der meinige gerufen! Wir wollen sehen, woher er antwortet.»
Thoth, der Herr der Gottesworte, der Schreiber der Wahrheit der Neunheit, legte nun seine Hand auf den Arm des Horus und sprach: «Komm hervor, Same des Seth!» Und er (der Same) antwortete ihm aus dem Wasser in dem Teiche.
Thoth legte nun seine Hand auf den Arm des Seth und sprach: «Komm hervor, Same des Horus!» Er (der Same) sagte zu ihm: «Wo soll ich herauskommen?» Thoth sprach zu ihm: «Komm aus seinem Ohr heraus!»
Da sagte er ihm: «Soll ich zu seinem Ohr herauskommen, da ich doch ein göttlicher Ausfluß bin?» Thoth sprach zu ihm: «Komm aus seinem Scheitel hervor!» Er kam nun hervor als eine goldene Scheibe auf dem Haupte des Seth.
Seth ergrimmte sehr, und er streckte seine Hand aus, um die goldene Scheibe zu packen. Thoth aber nahm sie ihm fort und setzte sie als Schmuck auf seinen eigenen Kopf. Die Neunheit aber sprach: «Recht hat Horus. Unrecht hat Seth.»

Joachim Spiegel, Die Erzählung vom Streite des Horus und Seth in Pap. Beatty I als Literaturwerk, p.135-137


























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