08 abril 2012

El mito de Jesús de Nazaret




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Ὁ σπείρων τὸ καλὸν σπέρμα ἐστὶν ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου·
El que siembra el buen esperma es el Hijo del Hombre.

Mateo,
13.37


Exiit qui seminat seminare semen suum.
Salió el que siembra a sembrar su semen.

Lucas,
8.5

 

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Esta página nació como una nota a la página de este mismo blog Jesús nunca existió. Al añadir la reseña de los libros de J. S. Spong, la nota creció tanto que decidí publicarla aparte. A continuación inserto el texto que dio origen a esta nota.

Son innumerables los historicistas que, tratando de resolver las muchas incoherencias y contradicciones de los textos, se atreven a afirmar que Jesús no dijo esto o aquello, o que no hizo esto o aquello, o que esto o lo otro no sucedió así, sino como ellos se lo imaginan. A fuerza de distorsionar y contradecir a los evangelistas, se inventan un Jesús histórico extraño a los evangelios, y totalmente distinto del original, como si al quitarle la divinidad le devolvieran la realidad que nunca tuvo.    

Así, por ejemplo, Étienne Trocmé no tiene ningún inconveniente en decir que los relatos de la infancia y de la resurrección son leyendas / bastante tardías, de interés biográfico casi nulo / que no nos enseñan nada o casi nada sobre el Jesús de la historia, que los discursos del cuarto evangelio / no nos acercan a Jesús de Nazaret, y que resulta imposible afirmar de manera segura que determinado relato es ficticio y que otro es histórico.
1 Y a pesar de esto, Trocmé habla de el desprecio de los textos que caracteriza a los «mitólogos» (p.22). Así Trocmé suprime de un plumazo la validez histórica de aquellos relatos y discursos —sin que esto sea desprecio de los textos, pues evidentemente no tienen ninguna—, lo que le ahorra la molesta necesidad de tener que explicar la omnipresencia del mito allí donde no debía estar, cosa que ningún historicista puede hacer. Pero Trocmé (que convierte las parábolas en charlas de sobremesa que daba Jesús (p.128), dando un buen ejemplo de la tergiversación que hacen los historicistas de los textos) da muestras de ignorancia y desprecio de los textos cuando afirma que las tesis mitológicas / se enfrentan a dos dificultades insuperables:
[1] la ausencia de negadores de la existencia histórica de Jesús en la antigüedad, incluso entre los adversarios del cristianismo y entre los herejes más dispuestos a desembarazarse de la humanidad de Cristo (p.23). El autor del cuarto evangelio hace negar a Jesús su propia existencia, pues ningún hombre ha existido ni puede existir que no sea de este mundo, pero el evangelio de Juan dice que Jesús no era de este mundo (Jn 8.23; 17.14.16), luego Jesús nunca existió. Pero como muchos no ven la viga en su propio ojo, el autor de las epístolas de Juan, que supuestamente era el mismo que el del evangelio, se encarga de decirlo sin rodeos místicos, de modo que los negadores de la existencia histórica de Jesús son mencionados dos veces en el Nuevo Testamento: ahora han venido muchos anticristos... que no admiten que Jesucristo ha venido en carne (1Jn 2.28; 4.3; 2Jn 7), porque ¿qué era decir que Jesucristo no ha venido en carne sino negar su existencia real?, ¿y no era lo mismo el docetismo? Los herejes difícilmente habrían tenido tal disposición si Jesús hubiera sido un hombre real, a no ser que pensemos que eran unos completos idiotas. Huid de los que niegan la pasión de Cristo y su nacimiento en carne; muchos son los que ahora sufren esta enfermedad.2 Que muchos (πολλοὶ) negaran el nacimiento carnal de este hombre ¿no era negar su existencia? Negar que un hombre ha nacido en el mundo (Jn 16.21) es negar que ha existido. Los dos nacimientos de Cristo eran ficticios. Incluso cuando después de inventado el mito se dijo que Jesús nació realmente, este nacimiento seguía siendo ficticio, pues se afirma explícitamente que ocurrió sin conocimiento de varón (non cognoscebat eam; virum non cognosco, Mt 1.28; Lc 1.34), es decir, no ocurrió nunca. El nacimiento virginal de Jesús era una clara negación de su existencia, puesto que era una fantasía que se basaba en una negación expresa de la realidad.Si Jesús no nació de esperma de hombre (οὐκ ἐστι γένους ἀνθρώπου σπέρμα), como afirmaba san Justino,4 y después de él todos los padres antenicenos y postnicenos, Jesús no nació nunca. Este testimonio unánime no se puede eliminar de los textos, como les gustaría a muchos historicistas,5 pues desmiente, junto con la resurrección y otros argumentos de los textos —que no son pocos—, toda la historia de Jesús. Si la tradición sobre el nacimiento virginal de Jesús era falsa toda la historia de Jesús era falsa, y no hay nada que obligue a suponer que Jesús fue un hombre histórico, frente a todas las razones míticas que se exhiben como diamantes en los textos. En cuanto a los adversarios del cristianismo, es decir, los propios judíos —que no recibís nuestro testimonio (Jn 3.11)—, niegan que haya sucedido la venida de Cristo,6 y negaban la existencia del Hijo de Dios: nadie existe de tal clase,7 y puesto que los cristianos afirmaban que el tal era Jesús (su Hijo Jesús, Hechos, 3.13), esto equivalía a negar su existencia.
[2] Y los rasgos judíos —con más precisión palestinos— que sobreabundan en los evangelios sinópticos y que impiden pueda considerárseles como creación tardía de una Iglesia profundamente helenista. Esta segunda dificultad solo existe para alguien que olvide que los textos están escritos en griego, y no en hebreo, como correspondería si tales rasgos fueran auténticos, pues no son los judíos muy amigos de las letras griegas,8 y es muy improbable que los judíos nativos, y mucho menos hombres sin letras e ignorantes (Hechos, 4.13), hablaran y escribieran una lengua extranjera, pues vosotros sabéis que está prohibido a un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero (Hechos, 10.28). Los autores de los libros del Nuevo Testamento ni siquiera usaban o tenían en cuenta el texto hebreo del Antiguo, sino la Septuaginta. Por tanto, los evangelios son, por derecho propio, una creación profundamente helenista, carácter que todos los rasgos judíos juntos no pueden borrar, máxime cuando él mismo reconoce, con Schmit, que el plan topográfico de los evangelios es una pura invención. Y sin embargo, Trocmé reconoce, con Bultmann, que de hecho, lo que resulta llamativo en los relatos evangélicos de milagros es la mezcla de rasgos helenísticos y de rasgos judeopalestinos (p.143). Además, las diatribas contra los judíos y el marcado antijudaísmo que exhiben los textos demuestran que esos rasgos judíos no eran genuinos, pues nadie tira piedras contra su propio tejado. Difícilmente pudo tener un origen judío —con más precisión palestino la ficción del Hijo de Dios cuando Orígenes nos informa de que los judíos no dicen en absoluto que es Dios o Hijo de Dios el Cristo que ha de descender, porque un judío no admite que profeta alguno hable de que ha de venir un Hijo de Dios, y al contrario, los cristianos dicen que muchos profetas predijeron acerca de la venida del Salvador, lo cual era, según Orígenes, el fundamento más importante acerca de la presentación de Jesús.9
También son muy numerosos los historicistas que mantienen la falsa convicción de que Jesús fue un hombre histórico, y al mismo tiempo reconocen que en mayor o menor medida los relatos de los evangelios son mitos o fábulas. Así, John Shelby Spong (cuyas especulaciones —
como él mismo las llama— se mueven entre la paráfrasis trivial y servil, la fantasía novelesca y la charlatanería religiosa), hablando de los relatos de la natividad declara: Actualmente, ningún erudito reconocido del Nuevo Testamento, ya sea católico o protestante, defendería con seriedad la historicidad de esas narraciones. / Se hallan tan atiborradas de detalles legendarios que la historicidad se desmorona cuando se las sitúa bajo el microscopio de la erudición moderna. / La conclusión mínima que cabe extraer de ello es que ninguna de las dos versiones puede ser históricamente exacta. La conclusión máxima es que ninguna de las dos es histórica. Esta última es la que ha encontrado un consenso abrumador entre los eruditos bíblicos actuales.10 Asimismo afirma que los relatos de la resurrección son leyendas y mitos que no pueden tomarse en sentido literal.11
Spong es capaz de decir, como otros muchos historicistas y como si hubiera alguna forma de comprobarlo, que
el Jesús de la historia ni dijo ni hizo tales cosas  (R., p.150), pero no es capaz de deducir que si esto fue así entonces el Jesús de la historia nunca existió, precisamente porque Jesús dice y hace tales cosas en los evangelios, y fuera de ellos no hay absolutamente nada que nos permita saber si las dijo e hizo realmente o no. Si Jesús nunca dijo después de tres días resucitaré, nadie dijo realmente este disparate y nunca existió el impostor (ὁ πλάνος, Mt 27.63) que lo dijo, pero el Jesús de los evangelios lo dice y lo repite, luego Jesús nunca existió. Los evangelistas nunca advierten al lector, como hace debidamente Platón, que los mitos que estaban contando eran mentiras y no debían entenderse en sentido literal, o que los relatos de la multiplicación de los panes y de la resurrección no han de entenderse en un sentido literal, como afirma el propio Spong (R., p.119,208), sino todo lo contrario. El evangelio de Lucas comienza hablando explícitamente de certeza (ἀσφάλειαν) y de hechos que han sido plenamente ciertos entre nosotros (τῶν πεπληροφορημένων ἐν ἡμῖν πραγμάτων). Esta insistencia inicial demuestra que cuando se escribió este evangelio ya había muchos (πολλοὶ, 2Jn 7) que negaban la veracidad de tales relatos, pues, por decirlo con palabras del propio Spong, tal certeza nunca ha sido de hecho una realidad religiosa. No ha pasado de ser una ilusión religiosa (R., p.54,113).12 Y puesto que el evangelio de Lucas comienza y termina narrando un mito, como lo reconocen estos historicistas, el autor de Lucas tenía una clara voluntad de engañar y toda la historia que estaba contando era inventada. Pero los evangelistas nunca declararon ni insinuaron que lo que contaban era mentira, sino todo lo contrario, que su testimonio es verdadero (Jn 21.24), siendo todo hombre falso (Ro 3.4).
El Jesús resucitado no comió pescado literalmente en Jerusalén, dice Spong (R., p.233), pero si el evangelio de Lucas dice lo contrario, y este evangelio presenta un Jesús resucitado físicamente, y de naturaleza crudamente física (
crudely physical, R., p.97,99), entonces el autor de este evangelio estaba mintiendo abiertamente aquí y en todo lo demás. Por supuesto, como decía la eximia castrada de Alejandría, los evangelistas no pretendían engañar sobre Jesús como Dios  (ἠπατῆσθαι περὶ τοῦ Ἰησοῦ ὡς θεοῦ), e inventar sobre él conociendo claramente que no era verdad lo que inventaban.13 Lo que inventaban era verdadero, y ellos se inventaron un hombre que era la encarnación del único Dios verdadero (Jn 17.3), que era el dios guerrero, tirano y cruel, de las tribus de Israel, luego sustituido, cuando se completó la Septuaginta, por el Dios trascendente que se inventaron los filósofos platónicos de Alejandría.14 Porque todos los dioses de las demás naciones —cuyas culturas resplandecieron en la historia, y siguen brillando, infinitamente más que la de los judíos—, eran falsos.
Spong afirma, sin ver ninguna contradicción en ello, que los evangelios son ejemplos de midrahs cristiano, y que no había nada objetivo en la tradición del evangelio (B., p.41),
y a continuación señala que Lucas afirmó que estaba escribiendo sobre aquellas cosas «que se han verificado entre nosotros». Forzar estas narraciones con la camisa de fuerza de la historicidad literal significa violar su intención, su método y su verdad (B., p.57).15  Pero hablar de hechos que se han verificado plenamente ¿no era una invitación a ponerse esa camisa de fuerza de la historicidad literal? Cuando el autor de Lucas habla, nada más empezar, de hechos (πραγμάτων, rerum) que han sido plenamente ciertos, apelando a aquellos que los vieron por sí mismos, y que él ha seguido con exactitud (ἀκριβῶς), es evidente que no pensaba, como Spong, que una cosa puede ser real y no ocurrir en la historia (R., p.110,119).16 En ningún momento los evangelistas nos advierten de que estuvieran escribiendo un midrahs o retelling (paráfrasis), como afirma Spong, y que la historia que contaban no se debía entender en sentido literal. Cuando los autores de Mateo y de Lucas hablaban de las cosas que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados (Mt 11.4,5; Lc 7.22), ¿qué es lo que habían visto y oído los discípulos que nunca envió Juan, si esta retahila de estupideces no tenía evidentemente ningún sentido literal? ¿Y qué es lo que ven y oyen los historicistas en este texto y en otros muchos similares que abarrotan los evangelios? ¿Una caña sacudida por el viento? (Mt 11.7) ¿Y qué trabajo les habría costado a los evangelistas, que continuamente se refieren de forma explícita a las Escrituras, haber dicho que estas bobadas no eran más que una paráfrasis o retelling de Isaías 35.5,6? Por tanto, cada vez que los evangelistas recurren a las Escrituras están demostrando que detrás de lo que narraban no existía ninguna historia real, y ellos estaban mintiendo con todo el descaro del mundo.
Según Spong, de no haber tenido realidad alguna Jesús, o su muerte, ninguno de tales símbolos se habría relacionado con su vida. Pero es justamente lo contrario, si Jesús hubiera sido un hombre real, ninguno de tales símbolos se habría relacionado con su vida, por la misma razón que, según Spong, el descubrimiento de la tumba vacía nunca habría dado por resultado una fe pascual.
Si hubiera existido una tumba, y de haberse encontrado esa tumba vacía, sólo habría significado un insulto más inferido a Jesús. Ninguna fe pascual se habría derivado de una tumba vacía (R., p.217,227),17 pues la experiencia de la Pascua de resurrección the experience of Easter, como él la llama, tenía mucho de la naturaleza de un mito intemporal (R., p.56), y sin embargo, en los evangelios la historia de la tumba vacía / había pasado a ser una parte esencial del evento histórico, objetivo y literal, llamado Pascua de resurrección (R., p. 93);18 y Spong sabe, como todos los historicistas, que cientos de millones de personas han vivido y muerto sobre esta tierra —siendo algunas de ellas famosas y poderosas—, sin que a su alrededor se hayan forjado leyendas similares (R., p.231). Dicho de otra forma, si Jesús hubiera existido realmente todo lo que el Jesús de los evangelios hace y dice habría quedado al descubierto como un engaño patente. Si los hechos de la vida de Jesús no se prestaban a ninguna interpretación mítica, ni siquiera en el seno del contexto judío, entonces este hombre nunca existió, puesto que Jesús de Nazaret fue ciertamente interpretado en términos de esta mitología / que procedía básicamente del mundo griego, y no es posible ni probable que en un contexto judío genuino un pobre vagabundo que fue ajusticiado como criminal fuera mitificado hasta llegar al héroe mítico griego (B., p.55,56), y divinizado infinitamente más que ningún otro (ἄλλῳ οὐδενὶ, Hechos, 4.12) de los miles que fueron ajusticiados, y que ningún otro de los miles que realmente y heroicamente sacrificaron su vida por los demás y por la verdad. ¿Cuántos criminales o héroes o líderes históricos fueron convertidos en hijos unigénitos de Dios (Jn 1.18; 3.16; 1Jn 4.9), y esto en menos de una sola generación? ¿Y en qué mundo real e histórico, donde los judíos anteponían sus tradiciones a todo, incluido el emperador romano —al que se enfrentaron en dos ocasiones con consecuencias catastróficas—, pudo existir realmente un grupo de judíos que pusiera en la gloria de Dios (1Co 4.6; Heb 1.3) a un vulgar criminal que ellos mismos habían condenado y matado, si ellos pensaban  que toda la gloria del  hombre (πᾶσα δόξα ἀνθρώπου) es como la flor del campo que se marchita (Is 40.6)? Y para colmo, esto de la flor silvestre se dice justo a continuación de la cita de Isaías con la que comienza el evangelio de Marcos, en la traducción errónea de la Septuaginta: Vox clamantis in deserto. Es decir, los evangelistas eran perfectamente conscientes de las mentiras que se inventaron.
Spong rechaza la falsa premisa de que, por detrás de estas narraciones, existía alguna verdad histórica y real (B., p.78), afirmando que el texto de Mateo / no puede leerse como una historia literal (B., p.80), pero su
tendencia a la falsificación se deja ver cuando él es capaz de detectar, mediante el juego de la imaginación especulativa, notas autobiográficas de Jesús en un texto que no tiene absolutamente ningún sentido literal, como es la parábola del hijo pródigo (B., p.189). Y del mismo modo, él literaliza incluso el pescado asado y mítico que come Jesús (R., p.182). En el mito es posible comer pescado asado aunque no haya litoral en mil kilómetros a la redonda,19 y también es posible comer el pan de la vida (Jn 6.35) aunque no haya ninguna panadería donde se haga tal pan. Las contradicciones e incoherencias son superfluas en el mito, y precisamente por esto los evangelios están plagados de ellas, porque son una historia inventada y no real.
Pero Spong se supera a sí mismo en el juego de la imaginación especulativa, y recurre a la falsificación de la falsedad, es decir, a la literalización del sentido literal. Spong es capaz de localizar mediante su fino oído de murciélago, en un texto que a todas luces no tiene ningún sentido literal, como es el milagro de las bodas de Caná, un eco no suprimido completamente de la tradición del matrimonio de Jesús (B., p.196).20 Los historicistas se inventan una tradición con una facilidad pasmosa, y Spong argumenta que Jesús pudo haber estado casado, que María Magdalena fue su esposa, y que esa relación fue tan real que indicios de la misma fueron esparcidos en todos los evangelios (B., p.200).21 Según él, cuando María Magdalena habla con los dos ángeles que vio en el sepulcro (y si habló con ellos se supone eran dos seres reales y no una alucinación), la expresión mi Señor (τὸν κύριόν μου, Jn 20.13) es propia de la manera en que una mujer judía del siglo I se refería a su marido (B., p.197).22 Pero, a diferencia de María Magdalena, poco después Tomás llama directamente a Jesús mi Señor (ὁ κύριός μου, Jn 20.28), y además, y otra vez a diferencia de Magdalena,23  pudo tocarlo con sus propias manos —que se supone que también eran reales—, aunque todavía no había subido a su Padre (Jn 20.17), y sin embargo a Spong no se le ocurre pensar que Tomás está llamando así a Jesús como lo haría una mujer a su esposo. Y también Isabel llama así a Jesús antes de que naciera (τοῦ κυρίου μου, Lc 1.43), y a nadie se le ocurre pensar que Isabel estaba diciendo que Jesús era su esposo. Y si Magdalena llama Rabbuní (Ῥαββουνί) a Jesús resucitado, que se supone que era tan real o mucho más que los ángeles, y esta palabra expresaba una relación de intimidad (a relationship of intimacy. B., p.195), debemos concluir que la misma relación de intimidad tuvo con el ciego mendigo que también lo llamó así sin conocerlo de nada (Mc 10.51).
Por esta vía tan impropia y rastrera —y más todavía en un obispo que condena la necesidad del creyente de literalizar los mitos (the believer's need to literalize the myths, B., p. 205)— también sería lógico deducir que Jesús se casó con diez mujeres a la vez, pero a cinco de ellas las recusó porque fueron a comprar aceite a medianoche (Mt 25.1s), y también podríamos deducir que Jesús invitó a su boda a todos los que encontró en el cruce de los caminos, pero como eran muchos hizo un casting  para elegir unos pocos, y a los que rehusaron venir los mató e incendió su ciudad, pues  Jesús era un pirómano que dijo que iba a arrojar fuego con un lanzallamas (Mt 22, 1s; Lc 12.49). Y esta reconstrucción histórica sería tan exacta y válida como todas las que hacen los historicistas. 
Spong es capaz de ver la conexión del alimento con  la resurrección, y que la resurrección y el banquete común estaban íntimamente relacionados (R., p. 203, 209), pero no entiende esta relación porque la mira desde una óptica literal, y no es capaz de ver que detrás de esa realidad literal había otra realidad simbólica muy distinta: resucitamos efectivamente cuando comemos y bebemos el Semen divino, el semen de la eternidad (semen aeternitatis). Comiendo y bebiendo el Semen comemos y bebemos el Logos y el Espíritu divino: la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semen de vida eterna (semen vitae aeternae) y poder de resurrección (Catecismo de la Iglesia católica, 1524).





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NOTAS

1. Jesús de Nazaret, Ed. Herder, pág.  46, 47, 86, 145.
2. Φεύγετε τοὺς ἀρνουμένους τὸ πάθος Χριστοῦ καὶ τὴν κατὰ σάρκα γέννησιν. πολλοὶ δέ εἰσιν ἄρτι οἱ ταύτην νοσοῦντες τὴν ἀρρωστίαν. Pseudo-Ignacio, A María, 5.1.
3. Como observa acertadamente Spong, y como sabe todo el haya estudiado la historia de la biología:  En la visión de la genética del primer siglo se suponía que toda la vida del niño estaba genéticamente presente en el esperma del varón,  / porque se creía que la mujer nada ofrecía salvo el útero, que servía como una incubadora. In the first century's view of genetics, the whole life of the infant was assumed to be genetically present in the sperm of the male,  / for the female was believed to offer nothing save the womb to serve as an incubator (B., p.32).
Aunque hablando con exactitud, ni en el primer siglo ni en muchos siglos después hasta el siglo XIX existía nada parecido a la genética, y esto debe tenerlo muy presente el que quiera entender las fantasías religiosas de aquellos hombres.
4. Véase la página No de esperma de hombre.
5. Por esta razón, Spong entona el canto del cisne cuando dice: Lamento en muchos sentidos que estos fueran los medios simbólicos por los que la segunda generación de cristianos llegó a fabricar su historia de Jesús (B., p.184). In many ways I regret that this was the symbolic means by which the second generation of Christians came to frame their story of Jesus' origin.
Pero aunque él afirma que ninguno de nosotros puede reescribir la historia (
any of us can rewrite history), esto es precisamente lo que él está haciendo cuando afirma que no cree que el nacimiento de Jesús de Nazaret implicara un proceso biológico diferente al de los medios de procreación natural (B., 184,185). I do not believe that the birth of Jesus of Nazareth involved a biological process different from the natural means of procreation that has one sperm from a male impregnate on egg from a female to produce a new life.
6. ἀρνουμένους γεγονέναι τὴν Χριστοῦ ἐπιδημίαν. Orígenes, Contra Celso, 4.1.
7. οὐδενὸς ὄντος τοιούτου. Orígenes, Contra Celso, 1.49.
8. Οὐ πάνυ μὲν οὖν Ἰουδαῖοι τὰ Ἑλλήνων φιλολογοῦσιν. Orígenes, Contra Celso, 2.33.
9. Contra Celso, 4.2, 1.49.
10. Born of a woman. Cito por la edición española, Jesús, hijo de mujer, Ed. Martínez Roca, p. 63, 68. 
11. Resurrection. Myth or reality? Cito por la edición española, La resurrección ¿Mito o realidad?, Ed. Martínez Roca,  p. 233.
12. Such certainty, however, has never in fact been a religious reality. It has only been a religious illusion.
13. καὶ πλάσασθαι περὶ αὐτοῦ δηλονότι ἐγνωκότας ὅτι οὐκ ἀληθῆ τὰ πλάσματα, Contra Celso, 2.26.
14. Al traducir un mito de una lengua a otra es visto automáticamente a la luz de la nueva lengua, pues la traducción de un texto es también la traducción del concepto, y el dios hebreo se convertía en un dios griego y adquiría su fisonomía. La puerta del sincretismo estaba abierta, y ya no había ningún obstáculo para decir que el dios de los judíos es también el de los gentiles (Ro 3.29). Desde este momento ya no importaba la letra de la Ley (el sentido real y fáctico), puesto que la Ley es espiritual (Ro 2.29; 7.24). Por esto Filón y sus colegas los terapeutas interpretaban simbólicamente el Pentateuco con las categorías de la filosofía griega, y esto fue lo que propició la invención de un Hijo de Dios judío. Y de hecho ellos se lo inventaron, aunque solo más tarde sería convertido en un hombre real, inventándose su historia con materiales extraídos de las Escrituras judías. El Hijo de Dios fue convertido en un hombre, pero nunca existió realmente un hombre que fuera convertido en Hijo de Dios, porque es absolutamente imposible, y en un medio judío sería un disparate inconcebible, que alguien dijera que un hombre vulgar y corriente, y más exactamente un impostor (Mt 27.63) y un vagabundo charlatán que fue contado entre los criminales (Lc 22.37 —incluso este detalle se copió, y se dice explícitamente, de lo que está escrito, Is 53.12—), era el resplandor de la gloria de Dios (Heb 1.3) y la luz del mundo (Jn 8.12; 9.5). Véase la página Alegoría y ficción.
15. The gospels, far more than we have thought before, are examples of Christian midrash. / There  was nothing objective about the Gospel tradition. / Luke asserted that he was writing of those things that are "most assuredly believed among us". To force these narratives into the straitjacket of literal historicity is to violate their intention, their method, and their truth.
Si Spong hubiera confiado menos en la traducción inglesa y hubiera consultado el texto griego quizás no habría incurrido en esta contradicción tan burda, porque el evangelio de Lucas no habla de un relato de cosas cualesquiera, sino de hechos o sucesos de los que se tiene absoluta certeza.

16
. Can something be real and yet not occur in history?
Easter, for me, is eternal, subjective, mythological, nonhistorical, and nonphysical. Yet Easter is also something real for me. How can something real be nonphysical, nonhistorical?

17. the discovery of an empty tomb would never have issued in an Easter faith. If there had been a tomb, and if that tomb had been found empty, it would have meant only that one more insult had been delivered to the leader of the tiny Jesus movement. The disciples, whoever they were, would have concluded that not even the dead body of this Jesus had been spared degradation. No Easter faith would have resulted from an empty tomb.
 Had there been no reality to Jesus, or to his death, or to whatever the Easter experience was, then none of these symbols would have gathered around this life.
18. The story of the emty tomb / It had become an essential part of the objective, literal historical event called Easter.
19. Aunque Alejandría, donde fue inventado este mito, tenía y tiene mucho litoral, hasta el punto de estar sentada sobre muchas aguas (Ap 17.1). 
20. an echo not fully suppressed of the tradition of Jesus' marriage.
21. so real was this relationship that hints of it were scattered all over the Gospels.
22. in the way a first-century Jewish woman would refer to her husband.
23. El evangelio de Juan no dice en absoluto que María abrazó claramente a Jesús, como afirma Spong (Clearly Mary embraced this figure, B., p. 196), ni ninguna mujer del mundo que esté en su sano juicio ve a su propio marido delante de sí y no lo conoce, y hablando con él mismo lo confunde con otro (Jn 20.14,15).





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