15 febrero 2009

Semen est verbum Dei


σπόρος ἐστὶν ὁ λόγος τοῦ Θεοῦ
el semen es el logos de Dios

semen est verbum Dei
el semen es el verbo de Dios
Lucas
, 8.11

καὶ τῷ σπέρματί σου, ὅς ἐστι Χριστός.
y a tu esperma, que es Cristo.

et semini tuo, qui est  Christus.
y a tu semen, que es Cristo.
Gálatas, 3.16 

Ὄσιριν...,  αἰτίαν γενέσεως καὶ σπέρματος οὐσίαν
Osiris...,  causa de la generación y sustancia del esperma
Plutarco, Sobre Isis y Osiris, 33


εἰμὶ δὲ Ὄσιρις ὁ βασιλεύς...,  σπέρμα συγγενὲς ἐγεννήθην ἡμέρας.
Soy el rey Osiris...,  nací esperma congénito de la luz del día.
Diodoro Sículo, Biblioteca histórica, 1.27

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En el griego clásico las palabras σπέρμα (spérma) y σπόρος (spóros) eran sinónimas, y designaban tanto la semilla vegetal como el semen humano y animal. Ambas palabras se traducían al latín con la palabra semen. El hombre de la antigüedad no distinguía la semilla vegetal del semen humano, y desconocía totalmente la existencia de las células sexuales. El principio vital del semen era el espíritu, que se identificaba con la luz solar: yo soy la luz (Jn 8.12; 9.5). El semen contenía espíritu, no espermatozoides, y puesto que Dios era definido como espíritu (Jn 4.24; 2Co 3.17), el semen era la sustancia divina por excelencia, y procedía de Dios, del Falo cósmico, pues Dios era el que da vida, al igual que el espíritu (Hechos, 17.25, 1Ti 6.13; Jn 6.63; 2Co 3.6).
El buen esperma son los hijos (τὸ δὲ καλὸν σπέρμα, οὗτοί εἰσιν οἱ υἱοὶ, bonum vero semen hi sunt filii. Mt 13.38). Esta es la explicación que el autor de Mateo da de la parábola de la cizaña, explicación que presupone la identidad del semen humano y la semilla vegetal. El semen era el Verbo de Dios (semen est verbum Dei, Lc 8.11), o el Verbo de la vida (verbo vitae, 1Jn 1.1). Y puesto que el semen era el Hijo, el semen era el Hijo de Dios, y este Hijo de Dios era el que los gnósticos (los autores de los libros del Nuevo Testamento) podían ver y tocar (1Jn 1.1), comer y beber (1Co 10.4; 12.13). Jesús nunca existió, fue solo un producto de la fantasía. Solo era la personificación del Semen de Dios, y murió y resucitó porque las semillas mueren y resucitan, pues este era el ejemplo —demostrable por numerosos textos— al que recurrían los primeros cristianos para explicar la resurrección (1Co 15 36-38, 42-44). Si los muertos no resucitan, Cristo no resucitó (1Co 15.13,16). El autor de estas palabras, fuera quien fuese, tenía la convicción de que los cuerpos de los muertos, enterrados en la tierra, nacerían de nuevo como las semillas enterradas en la tierra. Pero esta tierra no era una tierra real, sino simbólica: el útero de nuestra madre. Aquí era donde el  Verbo o Semen de Dios se hacía carne, y donde moría y resucitaba en novedad de vida (ἐν καινότητι ζωῆς, Ro 8.4), cuando una mujer pare un niño (mulier cum parit, Jn 16.21).
Del esperma que te dará el Señor (ἐκ τοῦ σπέρματος οὗ δώσει κύριός σοι, Ruth, 4.12; 1Sam 2.20). Puesto que Dios era el daba esperma al que siembra ( δῷ σπέρμα τῷ σπείροντι, Is 55.10, 2Co 9.10), el Esperma de Dios (σπέρμα αὐτοῦ, Su esperma, 1Jn 3.9) era el Semen del Hombre, pues en él estaba la vida (Jn 1.4), y el Hijo de Dios, el que ha nacido de Dios (ὁ γεγεννημένος ἐκ τοῦ θεοῦ), era al mismo tiempo el Hijo del Hombre. El Semen era el autor de la vida (ἀρχηγὸν τῆς ζωῆς, Hechos, 3.15), pues el él estaba el espíritu de la vida (τοῦ πνεύματος τῆς ζωῆς, Ro 8.2; Ap 11.11).

He aquí un ejemplo de la Septuaginta, y su traducción latina de la Vulgata, en el que la palabra σπόρος designa el semen humano;
σπόρος αὐτῶν κατὰ ψυχήν, τὰ δὲ τέκνα αὐτῶν ἐν ὀφθαλμοῖς (Job, 21.8)
el semen de ellos, de por vida,  y los hijos de ellos, delante de los ojos.
semen eorum permanet coram eis, propinquorum turba et nepotum in conspectu eorum.
el semen de ellos permanece en su presencia, multitud de parientes y nietos a la vista de ellos.

He aquí dos ejemplos de las obras de Filón de Alejandría donde la palabra σπόρος designa el semen humano:

Τὰ μὲν οὖν περὶ γάμον οὕτως ἠκρίβωται τῷ ἀρχιερεῖ, ὥστ’ οὐδὲ χήραν ἐφεῖται γαμεῖν αὐτῷ, οὔτε τετελευτηκότος ἀνδρὸς μονωθεῖσαν οὔτε ἀπηλλαγμένην ἔτι ζῶντος, ἵνα πρῶτον μὲν εἰς ἄβατον καὶ καθαρὰν ἄρουραν ὁ ἱερὸς σπόρος χωρῇ καὶ μηδεμίαν κρᾶσιν αἱ γοναὶ πρὸς ἑτέραν οἰκίαν λαμβάνωσιν. 
De specialibus legibus, 1.105
Así pues, lo relativo al matrimonio ha sido regulado así para el sumo sacerdote, de modo que se le ha mandado no casarse con una viuda (Lev 21.14), ni la que ha quedado sola por haber muerto el marido ni la que está separada aún estando vivo; primero, a fin de que el semen sagrado vaya a un terreno 1 inviolado y puro, y que los hijos (no) reciban ninguna mezcla con otra familia.

οἱ δὲ νεφροὶ διὰ τοὺς παραστάτας καὶ τὰ γεννητικά, οἷς παροικοῦντες ἀγαθῶν τρόπον γειτόνων βοηθοῦσι καὶ συμπράττουσιν ὅπως ὁ τῆς φύσεως σπόρος εὐοδῇ, μηδενὸς τῶν πλησίον  ἐμποδίζοντος. 
De specialibus legibus, 1.216
Y los riñones por los testículos y los genitales, a los que ayudan, estando situados cerca a manera de buenos vecinos, y colaboran para que el semen de la naturaleza sea bien conducido, sin que lo impida ninguna de las partes cercanas.

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Notas

1. Ya he dicho muchas veces en este blog que la identidad del útero femenino, y de la mujer misma, con la tierra era un arquetipo de la mente del hombre de la antigüedad, y esta imagen es la que tenía presente el autor del evangelio de Mateo cuando dice que el reino de Dios es semejante a un hombre que siembra buen esperma (σπέρμα, semen) en su campo (Mt 13.24; Mc 4.26), porque el significado agrario de la imagen y el sexual eran idénticos.
En el texto del Levítico al que Filón se refiere la palabra que utiliza la Septuaginta es esperma, σπέρμα:
καὶ οὐ βεβηλώσει τὸ σπέρμα αὐτοῦ ἐν τῷ λαῷ αὐτοῦ (Lev 21.15)
y no profanará su esperma en su pueblo



El canto del semen.
Antífonas de antifonarios medievales.


Semen est verbum Dei, sator autem est Christus, omnis qui invenit eum manebit in aeternum. (Lc 8.11)
El semen es el verbo de Dios, el sembrador es Cristo, todo el que lo encuentra, permanecerá eternamente.




Semen est verbum Dei, sator autem Christus, omnis qui audit eum manebit in aeternum. (Lc 8.11)
El semen es el verbo de Dios, el sembrador es Cristo, todo el que lo escucha permanecerá eternamente.






Exiit qui seminat seminare semen suum; et dum seminat, aliud cecidit in terram bonam, et fecit fructum centuplum (Lc 8.5,8).
Salió el que siembra a sembrar su semen, y mientras siembra, una parte cayó en tierra buena, y produjo fruto al céntuplo.








Semen cecidit in terram bonam et obtulit fructum in patientia. (Lc 8.8,15)  
Semen cecidit in terram bonam et obtulit fructum, aliud centesimum, et aliud sexagesimum. (Mt 13.8)
El semen cayó en tierra buena y dió fruto en paciencia.
El semen cayó en tierra buena y dió fruto, uno a ciento, y otro a setenta.








Libera me Domine qui dixisti mihi: multiplicabo semen tuum sicut stellas caeli (Gén 22.17; 26.4; 32,11,12)
Libérame, Señor, que me dijiste: multiplicaré tu semen como las estrellas del cielo.





Beatus vir qui timet Dominum,  ____  Bienaventurado el hombre que teme al Señor,
in mandatis eius cupit nimis.  ____   en sus mandamientos desea mucho.
Potens in terra erit semen eius,  ____  Potente en la tierra será su semen,
generatio rectorum benedicetur.  ____  la generación de los rectos será bendita.
Sal 111 (112) 1,2

♫ ♫ ♫ ♫ ♫  →   Beatus vir








Corpora sanctorum in pace sepulta sunt, et nomen eorum manet in aeternum. (Eclo 44.14)   
Los cuerpos de los santos están sepultados en paz, y su nombre permanece eternamente.
·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·
Usque in aeternum manet semen eorum et gloria eorum non derelinquetur. (Eclo 44.13) 
Hasta la eternidad permanece su semen  y su gloria no será abandonada.

♫ ♫ ♫ ♫ ♫  →  Corpora sanctorum




 Eclesiástico, 44

10 Sed illi viri misericordiae sunt, quorum pietates non defuerunt.
11 cum semine eorum permanent bona,
12 haereditas sancta nepotes eorum, et in testamentis stetit semen eorum;
13 et filii eorum propter illos, usque in aeternum manet semen eorum et gloria eorum non derelinquetur.
14 Corpora ipsorum in pace sepulta sunt, et nomen eorum vivit in generationem et generationem.

10 Pero aquellos son varones misericordiosos, cuyas piedades no faltaron.
11 con su semen permanecen los bienes,
12 sus nietos (son) heredad santa, y en los testamentos se mantuvo su semen,
13 y los hijos de ellos por ellos, hasta la eternidad permanece su semen, y su gloria no será abandonada.
14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y el nombre de ellos vive en generación y generación.


10 ἀλλ᾿ ἢ οὗτοι ἄνδρες ἐλέους, ὧν αἱ δικαιοσύναι οὐκ ἐπελήσθησαν·
11 μετὰ τοῦ σπέρματος αὐτῶν διαμενεῖ ἀγαθὴ κληρονομία, ἔκγονα αὐτῶν·
12 ἐν ταῖς διαθήκαις ἔστη σπέρμα αὐτῶν καὶ τὰ τέκνα αὐτῶν δι᾿ αὐτούς·
13 ἕως αἰῶνος μενεῖ σπέρμα αὐτῶν, καὶ ἡ δόξα αὐτῶν οὐκ ἐξαλειφθήσεται·
14 τὰ σώματα αὐτῶν ἐν εἰρήνῃ ἐτάφη, καὶ τὸ ὄνομα αὐτῶν ζῇ εἰς γενεάς·

10 Pero estos (han sido) varones piadosos, cuyas justicias no se han olvidado.
11 Con su esperma permanecerá una buena herencia, sus hijos.
12 En los testamentos se estableció su esperma, y los hijos de ellos por ellos.
13 Hasta la eternidad permanecerá su esperma, y su gloria no se borrará.
14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones. 

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Nótese que para el autor de este texto el esperma y los hijos eran equivalentes. Y la misma equivalencia se encuentra en los evangelios, sobre todo en la pregunta de la resurrección,1 ya que los espermas —las semillas— mueren y resucitan.2 Por tanto, el Semen cósmico, que es el Hijo de Dios —del Falo cósmico— moría y resucitaba. Así es como explicaba el autor de 1 Corintios la resurrección: a cada uno de los espermas, su propio cuerpo (ἑκάστῳ τῶν σπερμάτων τὸ ἴδιον σῶμα, 1Co 15.38). La muerte y la resurrección no eran el final de la vida, sino el principio de la misma: lo que tú siembras no se hace vida (ζῳοποιεῖται) si no muere (1Co 15.37). De este modo, el fin se identificaba con el principio, puesto que la tierra era al mismo tiempo el útero materno y la tumba. Esta fantasía iba aparejada con la idea del fin del mundo, idea que aparece explícitamente en los libros del Nuevo Testamento. Esta idea llevaba directamente al encratismo, en el mejor de los casos —hubo una fuerte corriente encratista en el siglo II—, y en el peor llevaba a la castración, o al suicidio, que los cristianos primitivos denominaban martirio: morir es ganancia (mori lucrum, Fil 1.22). Os digo un misterio (1Co 15.51). En el ficticio mundo de los misterios de Dios (1Co 4.1; Col 2.2), la vida comenzaba con la muerte del Semen cósmico, que era también el semen del hombre (Cristo está en vosotros, Ro 8.10). Esta simple idea fue la que originó la redacción de los evangelios, y no las enseñanzas de un profeta de Galilea que nunca existió (Jn 7.52). Es más, si este hombre hubiera existido realmente los evangelios no existirían, pues a nadie se le habría ocurrido decir el disparate de que este hombre resucitó con carnes y huesos, como veis que yo tengo (Lc 24.39), porque esto sería la esperanza de los gusanos, como llamaba Celso a la resurrección entendida físicamente (Orígenes, Contra Celso, 5.14,18).
Se siembra cuerpo animal, surge cuerpo espiritual (seminatur corpus animale, surget corpus spiritale, 1Co 15.44). El autor de 1 Corintios negaba explícitamente la resurrección física; él sostenía la resurrección del cuerpo espiritual, no la del cuerpo animal, es decir, no la resurrección de la carne (τῆς σαρκὸς ἀνάστασιν), pues la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1Co 15.50). Todo el razonamiento del autor de 1 Corintios se basaba en una falacia que equiparaba la semilla viva que muere y nace —como una nueva planta— cuando se siembra en la tierra con el cuerpo muerto que se entierra. La semilla muere porque cuando se entierra está viva ¿pero cómo va a morir un cuerpo que ya está muerto? Por esto la resurrección tenía que ocurrir estando en vida,3 no una vez muerto, porque ¿cómo vamos a andar en novedad de vida si ya estamos muertos? En efecto, según ellos, estamos muertos (essemus mortui, Ef 2.5, Col 3.3, Ro 6.11), y esta resurrección ocurría por medio del bautismo: hemos sido sepultados con él (lit., con-sepultados, συνετάφημεν. Con el Semen, que es Cristo, Gál 3,16) por el bautismo en la muerte,  para que andemos en novedad de vida (Ro 6.4). ¿Y cuándo fuimos plantados con él (lit., com-plantados o con-engendrados o con-nacidos, o con-génitos, σύμφυτοι, complantati) en la semejanza de su muerte? Cuando un hombre (ὁ φύσας, el padre) planta su semen divino —su simiente— en el útero de una mujer, en la tierra. En el texto hay una correlación explícita entre con-sepultados y com-plantados (συνετάφημεν ↔ σύμφυτοι). Pero ahí estaba el pecado,  cuando se unía lo espiritual (el semen divino) y lo material (la materia femenina), y por esto se ordena no obedecer las concupiscencias (concupiscentiis, Ro 6.12) del cuerpo. Esto era encratismo puro y duro, acompañado de la nefasta negación y crucifixión de la carne: in carne non estis; non carni; carnem suam crucifixerunt (Ro 8.9,12; 13.14; Gál 5.24 13). Véase la página: Nacido de una mujer, nota 7.

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Notas
1. οὐκ ἀφῆκεν σπέρμα, non relicto semine, no dejó esperma (Mc 12.20s), es decir, no dejó hijos.
2. ἐξαναστήσῃ σπέρμα, resuscitet semen, levante esperma (Mc 12.19). El verbo ἐξανίστημι (ἐξ + ανίστημι) tiene los mismos significados que el verbo ανίστημι, uno de los cuales es resucitar (Mc 12.23,25; Fil 3.11), pero esta importante sinonimia pasa totalmente desapercibida en las traducciones.
3. La resurrección ya ha sucedido, 2Ti 2.18.
El libro de los Hechos incurre en el absurdo de decir que Dios envió a su Hijo a los judíos !una vez ocurrida la resurrección!, y no antes, pues el verbo anístēmi, ἀνίστημι, usado dos veces (anastēsei, ἀναστήσει, y anastēsas, ἀναστήσας. Hechos, 3.22 y 3.26) está referido explícitamente a la anástasis  (ἀνάστασιν) de los muertos (Hechos, 4.2). De hecho, muchos traductores españoles traducen el segundo término anastēsas por resucitar, incluso Felipe Scio y Félix Torres, que traducen desde la Vulgata:
Dios resucitando a su Hijo, os lo ha enviado primeramente a vosotros para que os bendiga (Felipe Scio).
Para vosotros en primer lugar es para quienes ha resucitado Dios a su Hijo, y le ha envidado a llenaros de bendiciones (y también de maldiciones, Félix Torres).
También aquí se relaciona explícitamente el esperma con la resurrección, desde la perspectiva ficticia y mítica de la apocatástasis (ἀποκαταστάσεως, Hechos, 3.21), pues inmediatamente antes el autor menciona la no menos mítica y ficticia alianza que Dios estableció con vuestros padres, diciendo a Abraham: y en tu esperma (σπέρματί, semine) serán bendecidas todas las familias de la tierra.



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